miércoles, 17 de agosto de 2016

Los divorcios son para el verano. Un teorema

Todos los años, con el final de las vacaciones aparecen en todos los periódicos estadísticas sobre el incremento de demandas de divorcio después del verano junto con estudios (más o menos serios) acerca de los motivos de semejante incremento.

Así que, tras varios años de cuidadosa observación en diferentes entornos vacacionales quiero aportar mi contribución al tema. Más que nada por si ayuda a prevenir alguno de esos divorcios.

Primero definamos un entorno vacacional: se trata de una zona residencial, en la costa o en el interior cuyos residentes son, básicamente, familias más o menos amplias de parejas con sus hijos, abuelos, tíos y primos, conviviendo durante un período de tiempo limitado y compartiendo, por tanto, comidas, habitaciones, cuartos de baño, etc.

Segundo, asumamos que, en la actualidad, ya en la segunda década del siglo XXI y en España, en la mayor parte de los casos observados, los dos miembros de la pareja trabajan fuera de casa.

Tercero, para no confundir los deseos con la realidad, asumamos también que, en la mayor parte de esos casos observados, la mujer es también la que, además de trabajar fuera de casa, hace un promedio de 14 horas semanales más de trabajo doméstico que el hombre (ver datos del INE en lo referido a parejas con hijos, aquí).

Muy bien, pues ahora que ya tenemos definida nuestra población de estudio (establecidos nuestros axiomas), pasemos a mis personales observaciones y explicaciones al fenómeno observado, que, os recuerdo, era el incremento de las demandas de divorcios a la vuelta de vacaciones.

Es bastante obvio: la mujer llega al entorno vacacional, hartita de currar, de madrugar, de encajar la comprar entre la jornada de mañana y la de tarde, de hacerse la cera en la media hora que le queda libre entre la reunión del colegio y la hora de recoger el coche del taller, de planificar los menús de la semana, de preparar por la noche la comida del día siguiente, de acostarse pensando "m*ç's, otro día que no hice deporte!"... y se encuentra...

¿Qué? Que toda su familia, empezando por su santo, está de vacaciones.... pero ella no!

O sea, que todos siguen esperando comer tres veces al día, que siguen usando ropa que luego echan a lavar, que se duchan y aparecen toallas sucias, que la nevera se queda vacía, que los peques de la casa necesitan baños...  Y mientras todo eso ocurre los hombres de la casa, en el entorno vacacional, están desaparecidos.

Es decir, se dedican a sus hobbies, que para eso están de vacaciones. Esos hobbies son muy variados. los hay deportivos (vela, golf, ciclismo, tenis...),  intelectuales (leer, escribir, jugar al ajedrez..) y meramente lúdicos-relajantes (tirarse al sol, tomar cañas, echar la siesta, conectarse a internet..) 

Pero todos ellos tienen dos características en común:
  • Ocupan muchíííííísimo tiempo (toda la mañana, más o menos, con lo cual son bastante incompatibles con hacer la comida, o la compra o limpiar el baño, por ejemplo o bien toda la tarde, en cuyo caso no permiten llevar a los niños a la piscina, o hacer la cena, o poner la lavadora...), 
  • Para el caso de que la mujer se queje de que ella no tiene tiempo para practicarlos, basta con decirle que se complica mucho la vida con las comidas, o con la ropa o con la casa y que no hace falta hacer tanto.
Adicionalmente, en estos entornos que hemos definido como vacacionales, se mezclan durante unos días personas con caracteres, costumbres y crianzas (lo que los finos llaman "background") bastante diferentes. Vaya, que coinciden cuñados, cuñadas, suegras,  suegros, nueras, yernos, sobrinos, etc.  

Y claro, en este medio, los egoístas se vienen arriba. Basta la más mínima excusa para que el egoísta de raza decida que él no va a hacer X si fulanito no lo hace o si fulanito no hace Z. Y no importa que haya otro menganito que haga mucho más o que haga otras cosas que él tampoco hace...a lo mejor ese menganito lo hace por gusto o porque no tiene hobbies apasionantes... vete a saber, mejor no preguntar!

Así, este individuo, cuando su mujer se queje de la falta de colaboración tendrá lista la comparación con fulanito como primera línea de defensa y, como segunda, la de "pues haberme pedido ayuda".... 

Como si ocuparse de los hijos comunes, o de la casa compartida o de la comida de todos fuese algún tipo de misión secreta encomendada a las mujeres en la que élgraciosamente, podría colaborar si se le pidiera ese favor con el posterior reconocimiento y agradecimiento de todos los beneficiarios de su magnanimidad.

O sea, que después de quince días o un mes de este panorama, de currar como si siguieran en su casa mientras sus maridos se dedican a tocarse... las narices, las mujeres de nuestro sistema están hartas del verano, del entorno vacacional y, sobre todo, de su marido.

Pues imaginaos esto mismo pero cuatro, seis, diez años seguidos, mientras los niños crecen y el plan sigue siendo el mismo cada verano (o peor, no vamos a entrar en detalles que exceden del ámbito de observación de este estudio...)

¿Qué podéis suponer que ocurre? Que la buena mujer, cuando llega el mes de septiembre piensa: si pido el divorcio ahora mismo igual con un poco de suerte el próximo verano sólo tengo que ocuparme de mis hijos y no de su padre y, además, tengo quince días para estar sola...  y después de algunos años de pensar esto mismo cada mes de septiembre, un año va y lo pide.

Pues ya tenéis la explicación del fenómeno. Y, sinceramente debo deciros después de todas las observaciones experimentales, que no me extraña nada el aumento de demandas de divorcio en septiembre. Bueno, sí. Me extraña que no sea mayor. ¿Cómo lo veis?


Os dejo la cantata 66 de J. S. Bach, "Erfreut euch, ihr Herzen, BWV 66 (Regocijaos, corazones)







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LEC