miércoles, 24 de septiembre de 2014

La falacia del progreso

Google+
12 de septiembre de 2014

Una de las ideas que nos dejó en herencia la revolución industrial del siglo XIX, al menos en Europa y en América, fue la creencia en el progreso ininterrumpido de la sociedad.

El convencimiento de que el esfuerzo humano generaría, de manera continuada, avances en todas las áreas de la vida y el conocimiento y que esos avances, más o menos rápido, se traducirían en mejores condiciones de vida para todos los miembros de la sociedad.

Sobre ese optimismo que podríamos calificar de científico, en la medida en que espera todos esos avances del cada vez mayor y mejor conocimiento de la naturaleza, muy diversas teorías políticas trataron de diseñar sociedades que aseguraran tanto el efectivo desarrollo de los avances como la mejor difusión de sus beneficios y ahí están las diversas utopías anarquistas y comunistas.

Las atroces guerras del siglo XX y los millones de muertos de esas utopías puestas en práctica no fueron suficientes para que las sociedades occidentales empezaran a dudar de esa creencia en el progreso, fundamentalmente porque el avance científico de ese siglo supuso transformaciones económicas y sociales de un alcance previamente no imaginado. Es más, otras sociedades en el mundo oriental se incorporaron a esa creencia en un futuro siempre mejor.

Y aquí estamos, ya entrado el siglo XXI... y ¿qué podemos decir? pues que ese optimismo no está justificado. En absoluto. Y no porque la ciencia haya perdido la capacidad de mejorar nuestro entorno y nuestra vida.

Sino porque nosotros mismos, los seres humanos, somos capaces de jodérnosla (y perdón por la expresión), sin reparar en gastos.

Mientras en Silicon Valley aparecen start-ups centradas en la investigación sobre el proceso de envejecimiento que hablan, incluso, de la inmortalidad como objetivo (1, 2) en Irak y Siria una horda de fanáticos proclama un califato universal y asesina sin reparo ni remordimiento, con el único y reconocido propósito de instaurar un régimen de terror dedicado a la adoración de un dios bárbaro y al cumplimiento de unos preceptos salvajes e irracionales. 

Y mientras los niveles de bienestar habían ido mejorando, de manera lenta y desigual, pero sostenida en una gran parte del mundo, mientras se había ido extendiendo el convencimiento de que las fronteras eran divisiones artificiales y de que los derechos humanos debían estar por encima de tradiciones locales y de países, justamente en la vieja Europa donde nacieron esas ideas (y prosperaron, al precio de innumerables guerras) renacen ahora los fantasmas del más trasnochado nacionalismo.

Se escuchan las voces que piden volver a una aldea idílica, aislada del mundo, para preservar, incontaminadas, no se sabe qué esencias que permiten a quienes se han dejado embaucar, creerse mejores que sus vecinos: más listos, más guapos, más altos...sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, pero tampoco sin correr nunca el riesgo de perderlo, porque lo que se tiene sólo por el hecho de nacer, ni puede dejar de tenerse ni, mejor todavía para tanto espíritu mezquino, puede alcanzar a ser poseído por "el otro", "el forastero"... "el enemigo".  Ahí está Escocia. Ahí está Cataluña.

Así que, ¿quién puede seguir creyendo en que el progreso es algo que seguirá ocurriendo?
¿quien puede seguir pensando que no es necesario hacer nada, que las cosas irán mejorando solas? No es verdad. Al contrario. 

El riesgo de que los regímenes democráticos que hemos conocido, las libertades que hemos despreciado dándolas por supuestas cuando no por escasas, sean sólo un breve paréntesis en un "largo cuento lleno de ruido y de furia" es, en mi opinión, demasiado real, aunque tal vez no sea inminente. 

Pero como decía hace unos días Pérez-Reverte "es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros" Y eso, exactamente eso, es lo que estamos haciendo.

Hoy la suite "Iberia", de Isaac Albéniz. Al piano Alicia de Larrocha.  

¿Necesitáis saber dónde nacieron para valorar su talento y disfrutar de él?




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por dedicar tiempo a leer y comentar mi blog.
LEC