jueves, 5 de diciembre de 2013

Libertad de expresión y dignidad de las mujeres.

5 de diciembre de 2013



Después de un largo paréntesis dedicado a disfrutar de la vida familiar con mi hijo recién nacido, hoy he recuperado el teclado para escribir sobre la polémica generada en torno al libro "Cásate y sé sumisa", de Constanza Miriano y editado en España por el Arzobispado de Granada.

Antes de analizar (obviamente desde  mi punto de vista) la polémica, un par de precisiones:

En primer lugar soy una radical defensora de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres; no creo en ninguna de las excusas tipo "es su cultura" o "no se puede juzgar con los criterios europeos" o "tú no lo entiendes" o "tienen que evolucionar a su ritmo". Ni siquiera me parece aceptable la expresión "derechos de las mujeres", como no me lo parecería "derechos de los blancos": se trata de derechos humanos. Punto.

En segundo lugar, a diferencia de muchos de los que han puesto el grito en el cielo por el citado libro, lo he leído, lo mismo que he leído los textos de San Pablo (¡gran misógino!) a los que la autora se ha referido como inspiración de sus consejos. Y ni me gusta el libro ni comparto su contenido.

Bueno, pues hechas las aclaraciones previas, tengo que decir que mi reacción ante la tormenta generada es de absoluto estupor: primero ¿cómo es posible que en un estado democrático de derecho alguien pretenda prohibir un libro  porque no está de acuerdo con su contenido? 

En este marco cuando uno no está de acuerdo con el contenido de un libro (o con lo publicado en cualquier medio de comunicación) tiene dos opciones, la primera recordar que la libertad de expresión ampara también a los que no piensan como uno mismo y aguantarse, o bien, si cree que ese contenido constituye algún tipo de delito denunciarlo antes los tribunales. Ni más ni menos. Todo lo demás pertenece al mundo de los talibanes, el gulag y la inquisición. Recordemos Farenheit 451 y la máxima de Voltaire "no estoy de acuerdo con usted, pero pelearía para que pudiera dar su opinión".

¿Qué hubieran dicho esos adalides de "los derechos de las mujeres" o "la dignidad de las mujeres" ante la propuesta de prohibir, por ejemplo, "50 sombras de Grey"?

Se hubieran opuesto ferozmente invocando la libertad de expresión y señalando que el libro no pretende ni incitar ni obligar a nadie a hacer nada. Completamente cierto. E igualmente cierto en el caso de "Cásate y sé sumisa", donde la autora se limita a dar su opinión (desde sus creencias personales, evidentemente) a unas amigas acerca de cómo proceder en la convivencia conyugal.

¿Que no te gusta, no estás de acuerdo, te repugna? vale, no lo compres, critícalo, rebátelo, escribe otro libro para combatirlo... o denúncialo ante los Tribunales si crees que es delictivo; pero no se te ocurra pedir que lo censuren porque a ti no te guste.

Personalmente "50 sombras de Grey" me parece mucho peor, pues bajo el disfraz de un erotismo "cool" se perpetúan clichés claramente machistas -cuando no degradantes- acerca de las mujeres y su sexualidad. Eso sin valorar su calidad literaria, pues en ese caso sí que entraríamos de lleno en el delito. Y ha sido un bestseller, su autora ha escrito dos volúmenes más, está rodándose la película... y seguro que ha generado un montón de "Greys / Anastasias de finde", obsesionados con repetir las escenas del libro con el ligue de turno... ¡allá ellos, que lo disfruten! Pero no se me ocurriría pedir que lo prohiban, simplemente lo he criticado siempre que he podido. Más nada.

El estupor que me ha producido ese clamor pidiendo la censura de "Cásate y sé sumisa"  (¿y por qué no su quema pública en la plaza mayor?) se ha visto multiplicado al considerar que hay mucha gente en España -incluidos cargos públicos y periodistas- que no creen que recibir con cohetes a un asesino terrorista excarcelado sea un delito, o que hay tribunales de justicia que han dictaminado que quemar la bandera nacional es libertad de expresión. Y en ambos casos, con la existencia de leyes en vigor que tipifican esos comportamientos como delictivos.

Entonces ¿qué pasa?, ¿que la libertad de expresión sólo se aplica a lo que los "políticamente correctos" decidan? ¿o que hay que proteger a las "pobres mujeres" de los libros horribles? Gracias, señores, ya me arreglo sola. Soy adulta y yo misma me formaré una opinión de lo que escriba cualquiera.

Y hoy, al hilo del asunto de las mujeres y la igualdad de derechos, un vídeo genial de una "pibita" argentina explicando porqué las princesas son unas boludas. ¡Olé, guapa! ¡No se puede decir mejor!


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LEC