viernes, 18 de enero de 2013

Letanía de Nuestro Señor Don Quijote

18/01/2013

Hoy es el aniversario del nacimiento de Rubén Darío y Google ha dedicado su página principal a la efemérides con un doodle azul de cisnes.

Y desde hace unas semanas (o meses, según lo larga y selectiva que tengamos la memoria) las noticias acerca de casos de corrupción entre los directivos de los partidos políticos más importantes a nivel nacional y regional se suceden casi sin tregua.

Si la clase política de un país es realmente un reflejo fiel de los ciudadanos que lo habitan y la eligen ¿qué clase de país somos? ¿somos honrados solo porque a nuestra escala no tenemos ocasión de defraudar o de percibir comisiones? ¿cómo es posible que la actuación de la Justicia en gran parte de estos casos sea lenta y pusilánime? ¿cómo es posible que tantas actuaciones de esa índole queden impunes? ¿por qué los partidos políticos no adoptan, de verdad, medidas ejemplares SIEMPRE? ¿por qué utilizan el recurso de "y tú más" o el de identificar la denuncia de la corrupción con el ataque a sus principios o a su ideología? 

Así que, desolada por este panorama, me ha acordado de la excelsa "Letanía de Nuestro Señor Don Quijote" , del maestro nicaragüense, y os la pongo a continuación. OJO: leedla en voz alta y disfrutad de ese sonoro castellano, de la riqueza de los adjetivos, de la exactitud del metro, de la fuerza y belleza de las imágenes que convoca...

Rey de los hidalgos, señor de los tristes, 
que de fuerza alientas y de ensueños vistes, 

coronado de áureo yelmo de ilusión; 
que nadie ha podido vencer todavía, 
por la adarga al brazo, toda fantasía, 
y la lanza en ristre, toda corazón. 



Noble peregrino de los peregrinos, 

que santificaste todos los caminos 
con el paso augusto de tu heroicidad, 
contra las certezas, contra las conciencias 
y contra las leyes y contra las ciencias, 
contra la mentira, contra la verdad... 



¡Caballero errante de los caballeros, 

varón de varones, príncipe de fieros, 
par entre los pares, maestro, salud! 
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, 
entre los aplausos o entre los desdenes, 
y entre las coronas y los parabienes 
y las tonterías de la multitud! 



¡Tú, para quien pocas fueron las victorias 

antiguas y para quien clásicas glorias 
serían apenas de ley y razón, 
soportas elogios, memorias, discursos, 
resistes certámenes, tarjetas, concursos, 
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón! 



Escucha, divino Rolando del sueño, 

a un enamorado de tu Clavileño, 
y cuyo Pegaso relincha hacia ti; 
escucha los versos de estas letanías, 
hechas con las cosas de todos los días 
y con otras que en lo misterioso vi. 



¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, 

con el alma a tientas, con la fe perdida, 
llenos de congojas y faltos de sol, 
por advenedizas almas de manga ancha, 
que ridiculizan el ser de la Mancha, 
el ser generoso y el ser español! 



¡Ruega por nosotros, que necesitamos 

las mágicas rosas, los sublimes ramos 
de laurel Pro nobis ora, gran señor. 
¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, 
y antes que tu hermano vago, Segismundo, 
el pálido Hamlet te ofrece una flor! 



Ruega generoso, piadoso, orgulloso; 

ruega casto, puro, celeste, animoso; 
por nos intercede, suplica por nos, 
pues casi ya estamos sin savia, sin brote, 
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, 
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios. 



De tantas tristezas, de dolores tantos 

de los superhombres de Nietzsche, de cantos 
áfonos, recetas que firma un doctor, 
de las epidemias, de horribles blasfemias 
de las Academias, 
¡líbranos, Señor! 



De rudos malsines, 
falsos paladines, 
y espíritus finos y blandos y ruines, 
del hampa que sacia 
su canallocracia 
con burlar la gloria, la vida, el honor, 
del puñal con gracia, 
¡líbranos, Señor! 



Noble peregrino de los peregrinos, 

que santificaste todos los caminos, 
con el paso augusto de tu heroicidad, 
contra las certezas, contra las conciencias 
y contra las leyes y contra las ciencias, 
contra la mentira, contra la verdad... 



¡Ora por nosotros, señor de los tristes 

que de fuerza alientas y de ensueños vistes, 
coronado de áureo yelmo de ilusión! 
¡que nadie ha podido vencer todavía, 
por la adarga al brazo, toda fantasía, 
y la lanza en ristre, toda corazón!

Espero que lo valoréis como merece y, para rematar (¿quién no leyó en el colegio "la princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?") os dejo "La pavana para una infanta difunta", de Maurice Ravel, interpretada por Shih-Wei Chen en el XXXI Concurso Internacional de piano Delia Steinberg.



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LEC