jueves, 5 de diciembre de 2013

Libertad de expresión y dignidad de las mujeres.

5 de diciembre de 2013



Después de un largo paréntesis dedicado a disfrutar de la vida familiar con mi hijo recién nacido, hoy he recuperado el teclado para escribir sobre la polémica generada en torno al libro "Cásate y sé sumisa", de Constanza Miriano y editado en España por el Arzobispado de Granada.

Antes de analizar (obviamente desde  mi punto de vista) la polémica, un par de precisiones:

En primer lugar soy una radical defensora de la igualdad de derechos entre mujeres y hombres; no creo en ninguna de las excusas tipo "es su cultura" o "no se puede juzgar con los criterios europeos" o "tú no lo entiendes" o "tienen que evolucionar a su ritmo". Ni siquiera me parece aceptable la expresión "derechos de las mujeres", como no me lo parecería "derechos de los blancos": se trata de derechos humanos. Punto.

En segundo lugar, a diferencia de muchos de los que han puesto el grito en el cielo por el citado libro, lo he leído, lo mismo que he leído los textos de San Pablo (¡gran misógino!) a los que la autora se ha referido como inspiración de sus consejos. Y ni me gusta el libro ni comparto su contenido.

Bueno, pues hechas las aclaraciones previas, tengo que decir que mi reacción ante la tormenta generada es de absoluto estupor: primero ¿cómo es posible que en un estado democrático de derecho alguien pretenda prohibir un libro  porque no está de acuerdo con su contenido? 

En este marco cuando uno no está de acuerdo con el contenido de un libro (o con lo publicado en cualquier medio de comunicación) tiene dos opciones, la primera recordar que la libertad de expresión ampara también a los que no piensan como uno mismo y aguantarse, o bien, si cree que ese contenido constituye algún tipo de delito denunciarlo antes los tribunales. Ni más ni menos. Todo lo demás pertenece al mundo de los talibanes, el gulag y la inquisición. Recordemos Farenheit 451 y la máxima de Voltaire "no estoy de acuerdo con usted, pero pelearía para que pudiera dar su opinión".

¿Qué hubieran dicho esos adalides de "los derechos de las mujeres" o "la dignidad de las mujeres" ante la propuesta de prohibir, por ejemplo, "50 sombras de Grey"?

Se hubieran opuesto ferozmente invocando la libertad de expresión y señalando que el libro no pretende ni incitar ni obligar a nadie a hacer nada. Completamente cierto. E igualmente cierto en el caso de "Cásate y sé sumisa", donde la autora se limita a dar su opinión (desde sus creencias personales, evidentemente) a unas amigas acerca de cómo proceder en la convivencia conyugal.

¿Que no te gusta, no estás de acuerdo, te repugna? vale, no lo compres, critícalo, rebátelo, escribe otro libro para combatirlo... o denúncialo ante los Tribunales si crees que es delictivo; pero no se te ocurra pedir que lo censuren porque a ti no te guste.

Personalmente "50 sombras de Grey" me parece mucho peor, pues bajo el disfraz de un erotismo "cool" se perpetúan clichés claramente machistas -cuando no degradantes- acerca de las mujeres y su sexualidad. Eso sin valorar su calidad literaria, pues en ese caso sí que entraríamos de lleno en el delito. Y ha sido un bestseller, su autora ha escrito dos volúmenes más, está rodándose la película... y seguro que ha generado un montón de "Greys / Anastasias de finde", obsesionados con repetir las escenas del libro con el ligue de turno... ¡allá ellos, que lo disfruten! Pero no se me ocurriría pedir que lo prohiban, simplemente lo he criticado siempre que he podido. Más nada.

El estupor que me ha producido ese clamor pidiendo la censura de "Cásate y sé sumisa"  (¿y por qué no su quema pública en la plaza mayor?) se ha visto multiplicado al considerar que hay mucha gente en España -incluidos cargos públicos y periodistas- que no creen que recibir con cohetes a un asesino terrorista excarcelado sea un delito, o que hay tribunales de justicia que han dictaminado que quemar la bandera nacional es libertad de expresión. Y en ambos casos, con la existencia de leyes en vigor que tipifican esos comportamientos como delictivos.

Entonces ¿qué pasa?, ¿que la libertad de expresión sólo se aplica a lo que los "políticamente correctos" decidan? ¿o que hay que proteger a las "pobres mujeres" de los libros horribles? Gracias, señores, ya me arreglo sola. Soy adulta y yo misma me formaré una opinión de lo que escriba cualquiera.

Y hoy, al hilo del asunto de las mujeres y la igualdad de derechos, un vídeo genial de una "pibita" argentina explicando porqué las princesas son unas boludas. ¡Olé, guapa! ¡No se puede decir mejor!


martes, 8 de octubre de 2013

La financiación autonómica y los números irracionales

7 de octubre de 2013

Los números irracionales no se llaman así porque resulten incomprensibles o ajenos a la razón. Se llaman irracionales por contraposición a los números racionales, cuyo nombre se deriva de la palabra latina "ratio", cálculo o proporción.

Es decir, un número racional es aquél que puede expresarse como el cociente de dos números naturales r=m/n (n distinto de cero) y un número irracional es el que no admite semejante expresión.

Esta mañana, después de escuchar en la televisión que el 60% de los españoles adultos tiene problemas de comprensión lingüística y de destreza matemática, y que en consecuencia tiene dificultades para entender una oferta turística, una factura o el prospecto de un medicamento, me he quedado un rato cavilando sobre la cantidad de cosas que explica esa información. 

En primer lugar, si suponemos que nuestros dirigentes están afectados por esa dolencia en los mismos porcentajes que el conjunto de los españoles, cosa razonable estadísticamente hablando, nuestra crisis económica a lo mejor tiene un componente añadido a la especulación inmobiliaria, a la influencia de los mercados globales y a la torticera gestión bancaria y de extraordinaria importancia puesto que no se ha diseñado ningún plan de acción para combatirlo: la incapacidad matemática de la mayoría de esos dirigentes (no sólo políticos sino gestores de lo público en el sentido más amplio del término), que les impide comprender un balance, establecer un presupuesto y cuadrar unas cuentas. Aplicar, en fin, el principio de que no es posible gastar más de lo que se tiene y que un crédito, por definición, siempre obliga a devolver más dinero del que se ha pedido.


En segundo lugar, y sobre la misma hipótesis, permite hacerse una idea de la clase de "razonamiento" que hay detrás de esos modelos de financiación autonómica que proliferan últimamente y, según los cuales, parece posible conseguir que todos "los territorios" paguen menos que la media y reciban más que la media, sin que, además ninguno pague más de lo que recibe y sin que se rompa la cacareada "solidaridad entre territorios". Está claro que hay toda una colección de mastuerzos que creen no ya en la existencia de números irracionales, sino en la irracionalidad de las matemáticas en su conjunto y, por tanto, no ven mayor problema en resolver la cuadratura del círculo. 

La única pega de toda esta ignorancia matemática es que la pagamos los ciudadanos; y digo yo ¿no sería mejor examinar de matemáticas y lengua (¡ay! ¡las cuatro reglas!) a los dirigentes públicos antes de permitirles tomar posesión de sus cargos?

Hoy una pieza de Vivaldi, "La tempesta di mare", RV 253, de su obra "Il cimento dell'armonia e dell'invenzione", para recordar a todos que el cimiento de la educación son la matemáticas y el lenguaje.




jueves, 25 de julio de 2013

El derecho a suspender y la dignidad del cinco

Este caluroso mes de julio en Madrid, esperando primero las notas de selectividad de mi hijo, después las listas de admitidos y por último gestionando su matrícula en la Universidad, he descubierto con estupor la existencia del "derecho a suspender".

Se trata, al parecer, de un descubrimiento de Javier Solana (ministro de Educación de y Ciencia de 1988 a 1992) que ha sido recientemente recuperado y esgrimido en el marco de la polémica acerca de los criterios de concesión de las becas universitarias.

El mentado derecho sería, como tantos otros "derechos" descubiertos últimamente, algo que los ricos pueden permitirse, puesto que las consecuencias que acarrea tienen un claro componente económico, pero los pobres no.

Ergo, ¿qué menos puede hacer un estado benefactor que garantizar a "los pobres" ese derecho del que ya disfrutan los ricos y avanzar así hacia una sociedad más igual? (en la ignorancia añado yo).

¿Se puede ser más obtuso, demagogo y paternalista? El objetivo de las becas no puede ser ofrecer a "los pobres" el derecho a suspender para restaurar una supuesta igualdad menoscabada: si a eso vamos ¿por qué no aprobar por decreto a "los pobres" y obligar a "los ricos" a examinarse? 

Los ricos no tienen derecho a suspender y si de verdad quisiéramos una universidad pública de calidad lo que estaríamos exigiendo es que las condiciones para repetir asignaturas y cursos fueran mucho menos laxas de lo que lo son ahora. Las becas universitarias deben servir para asegurar a los estudiantes dotados intelectualmente y sin suficientes recursos económicos la posibilidad de una formación superior que amplíe sus posibilidades laborales y socio-económicas y, a la vez, beneficie a la sociedad que invierte en educación. 

Atención al uso de la conjunción "y" en el párrafo anterior (para los que no han cursado lógica básica, quiere decir que ambas condiciones deben darse a la vez): 

  1. Estudiantes dotados intelectualmente y sin suficientes recursos económicos. Otorgar las becas universitarias sin tener en cuenta el primer elemento sólo servirá, efectivamente, para proporcionar "derecho a suspender" a quien no está capacitado. Del mismo modo que proporcionar becas universitarias sin tener en cuenta los recursos económicos del solicitante sólo conducirá a desvirtuar el fin de las mismas como elemento de mejora social. 
  2. Las becas universitarias deben beneficiar a los becarios y a la sociedad que las financia. Otorgarlas sin exigir esfuerzo a cambio, dará ocasión a muchos de disfrutar del "derecho a suspender", pero es (muy) dudoso que beneficie a la sociedad, pues no hará sino extender la idea de que es posible la existencia de derechos sin deberes.

Y para completar el estupor que me ha producido el descubrimiento del "derecho a suspender" he sabido también de la existencia de "la dignidad del cinco" (Centella dixit) como algo que hay que reivindicar. 

¡Sí señor, diga usted que sí! ¡ya está bien de traumatizar a nuestros hijos intentando inculcarles el mérito del esfuerzo, la voluntad de aspirar a la máxima nota que sean capaces de obtener, de admirar a quien consigue un sobresaliente!

¡Ya está bien de creer que quien saca mejores notas está mejor preparado!¡Ya está bien de preferir a los candidatos con mejor expediente! ¡Abajo la tiranía del notable! ¡Destruyamos la opresión del sobresaliente! y si nuestros hijos vienen con un cinco "raspao" digamos orgullosos ¡olé mi niño, que ha conseguido no pasarse ni una décima del mínimo!

Eso sí, por favor, a mí, si me tienen que operar, me pido un cirujano de los de diez; señor Centella, quédese usted con los del cinco "raspao".






miércoles, 29 de mayo de 2013

El infierno son los otros...

30/06/2013

... escribió Sartre en una de sus obras más conocidas, la pieza teatral "A puerta cerrada" (Huis clos).

La frase admite diversas interpretaciones; en la obra "los otros", "los demás" son quienes constituyen el infierno al que cada uno de los personajes se halla sujeto y condenado. El  infierno en tanto que espejos y víctimas de cada uno de los personajes, que es también a su vez espejo y víctima de los demás.

Se trata pues de un infierno en el que los pecados y vicios de cada uno de los personajes actúan como ligaduras que los unen a todos entre sí, sin que en esa dualidad de víctimas y verdugos en un encierro atemporal haya posibilidad de olvido ni de perdón.

Sin embargo, de manera coloquial, esta frase se usa en un sentido metafórico para dar a entender que "los otros", es decir, quienes nos rodean, constituyen una penosa imposición sobre nuestras vidas que nos priva de la felicidad y, por ello, hacen de nuestra vida un infierno.

Ese es el sentido en el que yo he querido usar esta cita para revisar la característica que me parece más funesta del actual desencanto ciudadano en el que vivimos y que mucha gente califica de "fin de ciclo".

Es cierto que los dirigentes de todos los partidos políticos que han ejercido el gobierno en cualquiera de los niveles de las administraciones públicas son en grandísima medida responsables de la situación presente, y de manera especial de los aspectos económicos, educativos, judiciales y cívicos de la misma.

Pero el mensaje de que la toda culpa es de los políticos (estemos hablando de casos de corrupción o de estafas bancarias), de que todos los fallos derivan de una falta de regulación por parte de los gobernantes (cuando en realidad padecemos una inflación legislativa y demasiados usos torticeros de las normas), de que todos los problemas se deben a la avaricia de los bancos y a la connivencia de los políticos con ellos y de que, en suma, "el sistema" es la causa última e inevitable de un cataclismo como el que vivimos -y lo que se avecina, según los más pesimistas- es, lisa y llanamente, una escapatoria tipo "el infierno son los otros", justo en el sentido en el que yo lo he usado como título.

Es decir, según esto, nosotros, los ciudadanos españoles "pasábamos por aquí" y sin que nadie nos preguntase y sin intervención alguna por nuestra parte, un conjunto de personas que, a la vista de los resultados que les atribuimos, eran lo peorcito de cada casa, se han hecho con el poder en la mayor parte de los Ayuntamientos, Diputaciones, Comunidades Autónomas y Gobierno de la Nación... durante muchos años y se han dedicado a despilfarrar el dinero haciendo piscinas y aeropuertos, a dárselo -a la fuerza, claro-  a las Cajas de Ahorros, ONGs, sindicatos, partidos políticos..., a obligar a la gente a endeudarse suscribiendo hipotecas o créditos que no podían pagar, a crear puestos de trabajo en las administraciones y ocuparlos con gente que no quería, a complicar la legislación autonómica y local para no ser menos que "los de la comunidad vecina", a subvencionar centros de interpretación del atún rojo y a impedir que los niños se esforzasen en la escuela -haciendo que todos progresaran adecuadamente- o que los parados buscasen empleo -ofreciendo hasta dos años de subsidio de paro-... 

Y hace unos días, nosotros, los ciudadanos españoles, nos hemos despertado colectivamente y mira por dónde nos hemos encontrado este desastre.

Por favor, un poco de seriedad y de autocrítica: los políticos de un país son, ni más ni menos, que un fiel reflejo de la sociedad de la que salen.

¿Quién ha votado a todos esos partidos que han gobernado (en cualquiera de los niveles administrativos)? ¿y quién les ha vuelto a votar después de construida la piscina, o traído el último grupo de moda para las fiestas del pueblo? ¿quién aplaudió la creación de puestos de trabajo en el ayuntamiento de su pueblo o en la Diputación, o en la Consejería más próxima e hizo todo lo posible por colocar allí a una hermana, sobrino o amiga? ¿quién hizo negocios con las empresas públicas? ¿quién pidió créditos y subvenciones a las Cajas de Ahorros? ¿quién creó peregrinas ONG's que solicitaban -y conseguían- ayudas para el estudio del cultivo de variedades ignotas de lentejas en remotas regiones de Asia o de África? ¿quién suscribió hipotecas por el 120% del valor de la vivienda adquirida? ¿quién se fue de vacaciones al Caribe con un crédito al consumo? ¿quién apoyó la desaparición de métodos "autoritarios" (cuando no franquistas) en las escuelas tales como memorizar los ríos o los países, o el algoritmo de la raíz cuadrada? ¿quién jaleó los discursos identitarios que hacen bandera de coordenadas geográficas, antepasados míticos, recetas de cocina, dialectos de laboratorio o deportes prehistóricos? ¿quién defendió que "el Estado" tiene obligación de proveer a todos los ciudadanos de trabajo y casa? ¿cuántos ciudadanos piden que se suban los impuestos "a los ricos" y luego tratan de trampear en la declaración de Hacienda, o pagan "en negro"?

No es que nuestros políticos sean malos o corruptos o manirrotos (que los hay, ¡ojo!). Es que se parecen a nosotros y, por eso, descubrieron pronto qué tenían que decir y que hacer para que una mayoría de sus potenciales electores les votase a ellos en vez de a "los otros". (Que esos sí que son el infierno...) Y lo han hecho. Y se han mantenido en el poder. Y han seguido haciéndolo... 

¿Qué es lo que ha cambiado entonces?  Que el dinero con el que se pagaba la fiesta era o bien de otro (fondos europeos) o bien fiado (deuda pública) y cuando el manantial se ha secado hemos preferido echarle la culpa al que llenaba el caldero en vez de reconocer que todos nos hemos servido algún vaso y hemos pedido más sin preguntarnos de dónde venía.

O sea que está muy bien proponer iniciativas de regeneración democrática de los partidos (y la más importante de todas es la de listas abiertas junto con la reforma de la ley electoral) y está muy bien reclamar un funcionamiento eficaz de la Administración de Justicia (menos leyes y una garantía absoluta de que quien las incumple, sea quien sea, lo paga) pero NO sin reconocer antes, humildemente, que todos y cada uno de nosotros, como ciudadanos, también necesitamos una regeneración democrática, que pasa por asumir todas y cada una de las responsabilidades en el proceso que nos ha traído hasta aquí.

Y pasa por aplicar, en el futuro, dos principios a nuestro comportamiento diario: primero, que cualquier derecho que pretendamos exigir conlleva un deber que nuestros conciudadanos tienen derecho a exigirnos a nosotros y segundo, que un comportamiento que nos parecería impropio en un político no debe parecernos correcto si lo hacemos nosotros.

Sin este reconocimiento y este cambio de proceder no se producirá ningún cambio de ciclo, ninguna renovación del sistema político, ningún resurgimiento cívico. Todo lo más iniciativas demagógicas, parches temporales hasta que la situación económica mejore o aventuras de corte totalitario disfrazadas de "la voz del pueblo".

Hoy música barroca francesa, de Jean Baptiste Lully "Le Bourgeois gentilhomme", el ballet comedia con texto de Molière, del que hablaré en algún otro momento.




martes, 21 de mayo de 2013

La devaluación del lenguaje

O la tiranía de la mediocridad


Hace unos días escuché (de nuevo) una queja que se repite de manera machacona en los medios de comunicación y también entre los usuarios de las tecnologías de la información y las comunicaciones.

Se trata de la -supuesta- imposibilidad de las personas normales para comprender determinadas materias, básicamente las relacionadas con la ciencia o la tecnología, debido a que quienes las conocen, cuando hablan de ellas, emplean un vocabulario "demasiado técnico" o "muy complicado".

Estoy hartita de semejante estupidez: una cosa es explicar con claridad un concepto básico de cualquier conocimiento o disciplina, cosa que sin duda puede hacerse de manera sencilla, aunque no siempre breve, y otra muy distinta es pretender que expresar con precisión determinadas relaciones, comportamientos, fenómenos o propiedades pueda lograrse sin utilizar las palabras adecuadas para ello. Y si no las comprendes la culpa no es de quien las usa, sino tuya.

A lo largo de la historia el ser humano ha desarrollado un vocabulario específico para casi cualquier área de actividad o de saber, y así, cuando uno visita una ebanistería puede que no sepa qué es una escofina, del mismo modo que si va a un taller de costura puede no saber qué es un bies, pero la reacción en estos casos es preguntar, es decir, asumir la propia ignorancia y tratar de remediarla. Nadie le monta un número al ebanista ni se queja de que la modista "hable para expertos".

Y sin embargo esa tontería es la que escucho, cada vez más a menudo, en boca de profesionales que, encima, dan por supuesto que el vocabulario de su propia actividad sí que debe ser conocido por todo el mundo. Profesionales que suelen tener en común una profunda ignorancia de la ciencia, un desdén aún mayor hacia todo lo que ignoran y una lamentable creencia en que sólo las humanidades son cultura (o aún peor, que sólo lo que ellos conocen es cultura...)

¿A alguien le extraña que si un médico quiere hablar de una inflamación de oídos diga "otitis"? pues no, y si no sabes qué significa le preguntas al médico o miras el diccionario; del mismo modo, si un abogado dice hurto es, precisamente, porque lo que desea expresar no es lo mismo que robo.

Así que, ¿por qué #~%¡* yo tengo que explicar una y otra vez qué es una aplicación web o una base de datos como si fuera el libro de Petete para evitar que quien lo ignora se sienta ignorante? ¿por qué tengo que disculparme por decir que algunos sistemas de firma de clave pública y privada se basan en la factorización usando números primos muy grandes? ¿hay algún misterio esotérico en afirmar que si tengo 22 letras posibles para escribir una palabra de 6 letras las combinaciones existentes son 22 exp 6? Por supuesto que no pretendo que todo el mundo lo entienda. Pero aspiro a que quien no lo comprenda tenga claro que es porque hay algo que no sabe, no porque yo tenga la obligación de decírselo de otra manera. Y se preocupe por aprender y no por desmerecer el conocimiento ajeno.

Y de Bach, de "El clave bien temperado", una obra de clara vocación didáctica, hoy el Preludio y Fuga en sí bemol mayor BWV 560.




jueves, 18 de abril de 2013

Trivium y Quadrivium

Para los que creen que semántica y sintáctica son apodos de chica y que los porcentajes pueden sumarse.


Hace unos días, utilizando las herramientas de estadísticas de Google para ver la procedencia de mis lectores más recientes, aterricé en varios blogs cuyas referencias me niego a poner, por respeto a cualquiera cuyo nivel de comprensión lectora sea el de 4º de la ESO, y cuyos contenidos hubieran hecho revolverse en su tumba no digamos ya a Aristóteles sino al más modesto maestro de lógica elemental.

En esos blogs diversos seudoexpertos en todo han dedicado mucho tiempo, y escasa inteligencia, a insultarme o a denostar mi capacidad profesional, sin que ni uno sólo de ellos haya tratado de contraargumentar la tesis que yo he expuesto. 

Yo he defendido en varias entradas de este blog que es decisión única y exclusiva del desarrollador elegir qué hacer con el resultado de su trabajo: venderlo, regalarlo, compartirlo, alquilarlo.... Y que no existe ninguna razón de índole moral por la que una de esas alternativas sea superior a la otra. Y que nadie puede forzar al autor a elegir una de ellas, del mismo modo que nadie puede obligar al usuario/consumidor a elegir ese producto.  

No voy a abundar en esta entrada sobre ese tema, acerca del que ya he escrito todo lo que me interesaba decir.  Voy a hablar de lo que la lectura de esos blogs me ha permitido comprobar acerca de los autores de las diversas entradas.

Ni uno sólo de esos sesudos expertos (en internet, en derecho, en propiedad intelectual, en desarrollo de software, en patentes, en inglés.. ¡se me olvidaba, en inglés no, una vez que la entrada correspondiente la redacté en inglés ya no hubo comentarios!) ha sido capaz de componer un razonamiento lógico -es decir con argumentos racionalmente estructurados- para defender que eso no es, o no debe de ser, así.

Ni a uno sólo de ellos le ha parecido importante ni pertinente desarrollar una tesis según la cual o bien los desarrolladores no tendrían ese derecho (¿por qué?), o bien existirían razones morales por las que una forma de proceder es mejor que la otra o habría circunstancias (¿cuáles?) en las que determinados entes (¿quiénes?) podrían imponer esas obligaciones, sea al desarrollador sea al usuario.

Todos han preferido afirmar que estoy en contra del software libre, cuando no a sueldo de las organizaciones de derechos de autor y, por supuesto, que soy una ignorante. Claro, es más fácil y no hace falta pensar, se tira de cuatro tópicos y ancha es Castilla.

Al principio creí que era mala fe. Ya no. Después de leer las entradas a las que he hecho referencia me he dado cuenta de que es pura y simple incapacidad intelectual.

Todos estos individuos comparten una triste, amplia y extendida ignorancia: no pueden comprender lo que leen, porque ni tienen vocabulario, ni conocen la gramática. Las oraciones subordinadas les suenan a falta de libertad (¡fascismo!) y piensan seguramente que una  oración adversativa es un rezo para circunstancias difíciles (¡la religión es el opio del pueblo!)... En cuanto a las conjunciones, posiblemente sólo les suenen las astrales. Lo dicho en el título, creen que semántica y sintáctica son dos apodos de chica.

En consecuencia es imposible que puedan seguir un razonamiento medianamente complejo y mucho menos argumentar en contra del mismo. No han rozado el Trivium, aunque es posible -e incluso probable- que cuenten con alguna licenciatura y, si me apuran, algún  máster.

Y por si semejante carencia no fuera suficiente tienen aún otra más: su nivel de lógica está a la altura... de la fosa de las Marianas. Y así, creen que si A implica B, entonces NO A implica NO B... O que si el porcentaje de coches rojos es el 15% y el de autobuses rojos el 11% el porcentaje de coches y autobuses rojos es el 26%... y no les hables de matemáticas, ¡qué horror, qué vulgaridad, qué poco útil!. Su trayectoria formativa tampoco pasó por el Quadrivium.  

Así les va. Así nos va. Lo más triste de todo es que este tipo de individuos es cada vez más numeroso y está representado, ampliamente, en los más diversos sectores de actividad y de influencia. Sin duda representan el triunfo de una enseñanza sin traumas, sin deberes, sin notas, sin esfuerzo, sin memorizar... sin conocimientos.  Eso sí, muy igual. En la ignorancia.

Y para quienes sí saben lo que es el Trivium y el Quadrivium, y dónde estaba la música en ellos, y que la música es la emoción de las matemáticas, ahí van las variaciones Golberg, interpretadas al clavecín.








jueves, 7 de marzo de 2013

Lo público y lo privado en el mundo 2.0

O este blog sólo contiene mis propias opiniones, que en modo alguno representan a la organización para la que trabajo.


Hace unos días, a propósito del breve episodio de "ruido y furia" en el que me he visto envuelta, comentaba con algunos compañeros de trabajo la paradoja que supone el que las redes sociales, en principio un medio de difusión de las opiniones personales de manera individual, directa, inmediata y sin la distorsión de los medios de comunicación, lleguen a convertirse en un medio para amenazar e insultar que, lamentablemente, ofrece las máximas ventajas a los agresores.

Es verdad que esta misma paradoja está presente en la misma raíz de la democracia: las libertades que una democracia garantiza a todos los ciudadanos amparan también a quienes pretenden destruirla. Es triste, pero la alternativa -la falta de democracia o la democracia con adjetivos- es sin ninguna duda peor.

En la conversación surgió también la cuestión de hasta qué punto, dado lo sencillo que es conseguir datos de una misma persona en diferentes redes sociales cuando uno utiliza su nombre real, es factible mantener la separación entre lo público y lo privado o más exactamente hasta qué punto es factible trasladar esa separación a los lectores de un blog, a los seguidores de twitter, a los contactos de linkedin...

Realmente no es del todo factible, entre otras cosas porque cada uno de nosotros somos una sola persona, con independencia del contexto en el que actuemos en cada momento. Pero además, hay otros factores, tanto propios como ajenos, que lo dificultan.

En primer lugar desde el punto de vista propio: en mi caso, como ya señalé en la primera entrada de este blog aquí sólo expongo mis opiniones, totalmente independientes de la organización para la que trabajo. Por otro lado, la información o los datos que pueda publicar aquí son siempre de carácter público, disponibles en fuentes accesibles para cualquier ciudadano. Pero, al mismo tiempo, parte de lo que opino, forzosamente, está relacionado con lo que hago y con las características de mi organización, con lo que de ella me gusta y lo que no...  

En segundo lugar desde el punto de vista ajeno: es evidente que cada uno hará su propia interpretación sobre lo que lee y si alguien decide creer que escribo en nombre de mi organización no habrá sitio suficiente en todas estas páginas para disuadirle de ello, así que no perderé el tiempo intentándolo.

Por otra parte, puesto que trabajo para la Administración Pública, hay quien se cuestiona si tengo derecho a criticar su funcionamiento o a discrepar de su dirección.

La respuesta me parece bastante simple: como mínimo el mismo que cualquier otro ciudadano, puesto que, como cualquiera de ellos, la sostengo con mis impuestos y éste es, afortunadamente, un país con libertad de opinión. 

Evidentemente, no puedo dejar de cumplir con mis obligaciones por el hecho de tener otro punto de vista en ciertos temas, ni puedo utilizar mi puesto de trabajo como elemento de argumentación o fuente de información. 

Evidentemente también, si las discrepancias en algún momento afectasen a mis principios,  a mi conciencia o a mi capacidad de desempeñar correctamente mis obligaciones... estaría obligada a cambiar de trabajo.

Tal vez en el caso de las personas que son propietarias de una empresa o bien sus máximos directivos sí que pueda darse por supuesta esa identificación entre el individuo y su rol profesional, pero en el caso de los funcionarios de carrera, como en el de los empleados de una empresa privada, me parece a mí que existe un amplio margen en el que pueden darse, simultáneamente y sin mayor contradicción, el estricto cumplimiento de las obligaciones profesionales y la discrepancia con determinadas actuaciones o criterios de la organización.

Y esas posturas críticas, cuando se argumentan y se razonan, pueden ser una importante fuente de mejoras para la organización, por lo que, en mi opinión deberían valorarse en lugar de percibirse como una transgresión.

Yo creo que esta es la política que aplica, de manera general, la mayor parte de la gente que está en las redes sociales con su propio nombre, con independencia de la organización en la que trabaja.... pero, efectivamente es una frontera difusa, que en el mundo 2.0 parece estarse desdibujando aceleradamente.

Hay otra posibilidad, que también surgió en la conversación a la que me he referido: usar un seudónimo y, amparada en el anonimato, manifestarse sin cortapisa alguna (ni siquiera la de la buena educación , en algunos casos).

Bueno, es una opción legítima desde luego. Pero no es la mía. Yo no quiero renunciar a mi derecho a decir en mi propio nombre lo que pienso, sin más límites que las obligaciones de mi trabajo y la libertad ajena. Y sin más representatividad que la mía propia.

Y hoy una pieza larga y francamente interesante: las seis sinfonías opus 18 de Johann Christian Bach, interpretadas por la Hanover Band de Halstead.



miércoles, 20 de febrero de 2013

On the meanings of the word "free"

Para todas las almas generosas empeñadas en explicarme el significado de "free"

Como he comprobado a través de muchos pedagógicos, bienintencionados y, sobre todo educados comentarios a mi blog el elevado nivel de inglés de sus autores, aquí dejo una pequeña aclaración, también en inglés, para todos ellos, que espero que disipe su preocupación por mi capacidad para comprender la palabra "free".

Please, do stop patronizing me!

I understand perfectly well the several meanings of the word "free" in English. 

I'm also fully aware of what is "open software", its official definition and the different models existing to share, to diverse extents, a software product or its use.

What you seem to have chosen not to understand is that my point is not about what is (or is not) free software.

My point is: It is an author's (or developer's) right, and nobody else's, to choose how to sell, distribute or share her/his production.

I will repeat, just in case you have missed it: It is for the author to decide what to do with her/his work. 

After that, we can discuss models for it; we can talk about ways to manage the copies and the differences pertaining to physical or virtual products. We can also analyze the relationships between author's rights, patent models and public domain...

But after having agreed on it being an author's right to decide about her/his work.

If this is not your opinion, fine with me, argue your issue.

But, please, do stop pestering me on the meaning of "free"! 

I'm not going to change my point of view, and after reading your so-called "arguments" I couldn't care less about most of yours.  

miércoles, 13 de febrero de 2013

Competencia lectora

Aclarando conceptos

Como está visto que muchas personas leen lo que quieren leer e interpretan lo que les conviene voy a hacer un resumen de lo que escribí en una entrada previa de este blog.

Me disculpo de antemano con quienes estén aburridos de tanta tergiversación. Yo también lo estoy. Pero no voy a consentir que supuestos "expertos" pongan en mi boca cosas que no he dicho y me da igual cómo de influyentes sean, cuántos seguidores tengan o qué profesión ejerzan.

Esto es lo que escribí allí y lo que creo. El resto son interpretaciones, allá cada cual con las suyas.

1. Cualquier creador, sea de software, de música, de cine, de diseños de coche, de pasteles o de cualquier otra cosa, material o inmaterial, tiene perfecto derecho a tratar de vivir de su actividad y a vender el fruto de su trabajo.

2. Del mismo modo tiene perfecto derecho a regalarlo, a permitir su uso de manera gratuita o a ofrecer a otros la posibilidad de reutilizarlo, con o sin ánimo posterior de lucro.

3. Estos derechos SON del creador de la cosa en cuestión, de nadie más.

4. NO es un derecho "de los demás" exigirle que regale el fruto de su trabajo.

5. NO es un derecho del creador el que "el Estado" le subvencione para que pueda vivir de su actividad.

6. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho"

7. Cumplir con la obligación expuesta en el punto 6 NO se garantiza automáticamente NI eligiendo software privativo NI eligiendo software de fuente abierta NI eligiendo software gratuito.

8. CADA PROBLEMA TIENE UNA SOLUCIÓN ÓPTIMA QUE ES OBLIGACIÓN DEL GESTOR PÚBLICO ANALIZAR Y ESCOGER PARA CUMPLIR CON 6

Y no se preocupen, "alguien" seguirá diciendo que no distingo entre un enlace y el contenido enlazado y algún otro "alguien" se atreverá a escribir que "defiendo que el Estado continúe pagando cuantiosas sumas por tecnologías" y además enlazará esa falsedad con la "noticia" acerca de la web del Senado como si yo tuviera algo que ver en ello.

lunes, 11 de febrero de 2013

Hablando paja

La expresión que he escogido para el título de hoy no viene en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española pero es una expresión frecuente en diferentes zonas de varios países sudamericanos y me gusta por lo expresivo de la imagen que evoca.

Hablar paja significa hablar sin decir nada, sin sustancia, sin contenido, sin valor, o sea paja por contraposición a grano. 

Y esto es lo que últimamente parece invadir los medios de comunicación españoles, especialmente en las versiones electrónicas. 

La sencillez e inmediatez con la que todos podemos exponer nuestro punto de vista acerca de las más variadas cuestiones, la protección que ofrece el anonimato a la hora de defender puntos de vista que mucha gente no se atrevería a firmar y la impunidad que ese anonimato otorga al insulto han demostrado ser alicientes irresistibles. 

Y las consecuencias están a la vista: basta un breve recorrido por los comentarios de las principales noticias en cualquier periódico nacional, los mensajes de texto sobreimpresos en los debates de televisión, las llamadas telefónicas a esos mismos programas... las aportaciones a twitter de según qué energúmenos... 

A tal punto que la proporción entre grano y paja me atrevería a decir que no pasa del 10% en ninguno de estos medios... en el mejor de los casos. 

Posiblemente sea una parte del precio a pagar por la libertad de expresión, pero si una sociedad libre es una sociedad educada entonces estamos muy, muy lejos de ello. 

Hoy, precisamente hoy, que se ha publicado mi nombre como vocal de la Sección Segunda de la Comisión de Propiedad Intelectual, en un medio al que, de toda mi trayectoria profesional y mi currículum académico sólo le ha parecido relevante mi paso por la empresa Santillana (perteneciente al grupo Prisa) creo que es un día estupendo para publicar esta entrada. 

Soy licenciada en Ciencias Físicas y funcionaria de carrera, del Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información; aprobé la oposición, con el número 1, en 1996. 

Juré cumplir las leyes, empezando por la Constitución, que me obliga a servir "con objetividad los intereses generales y actuar de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho".  

Y eso hago, en la Comisión y fuera de ella. 

Publico este blog con mi propio nombre y tengo una cuenta en twitter también con mi verdadero nombre. No uso seudónimos ni disfraces.

Agradezco los comentarios, observaciones y aportaciones, tanto aquí en mi blog como en twitter, pero no estoy dispuesta a perder ni un milisegundo en contestar a gente que insulta amparándose en el anonimato o que opina de lo que no sabe. Y muchísimo menos a darles ocasión de promocionarse a través de mis seguidores en uno u otro medio. 


¿Sabes qué? Que no soporto a la gente que habla paja.

Así que ¡Bach al rescate!la Cantata 18,que habla del poder de la palabra como semilla.



jueves, 24 de enero de 2013

¡Qué oxímoron!

A céntimo la anti-tontería...¡pasen y vean!


24/01/2013

Esta mañana he leído en twitter el comentario apenado de una diputada del PSC en el Parlamento Catalán que lamentaba la falta de apoyo de su líder a la declaración votada ayer sobre el carácter de "sujeto político y jurídico" del pueblo catalán.

Con independencia de que a esta persona le pueda parecer apropiada, correcta, deseable, emotiva, necesaria, legal, moral... en fin, poned vosotros el adjetivo, semejante declaración, lo que me ha hecho ponerme a escribir es que en su tweet calificaba esa iniciativa de progresista y nacionalista (catalanista para ser exactos).

Y no, señora mía, hasta ahí podíamos llegar. "Nacionalista" y "progresista" no son como "Michelle" y "ma belle", palabras que, según los Beatles,  iban bien juntas. 

 "Nacionalista" y "progresista", juntas, conforman un oxímoron, o sea "la combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido, p. ej. un silencio atronador" (RAE

"Nacionalista" y "progresista" juntos significan avance... hacia el pasado. Muy rápido

Los movimientos nacionalistas florecen en Europa a partir de 1848 como una reacción estética, literaria, política y sentimental a dos momentos sucesivos en el tiempo y contradictorios en sus filosofías inspiradoras: por una parte la iniciativa unificadora y paneuropeísta de Napoleón, exportando los principios de la Revolución Francesa y los fundamentos del Estado democrático y por otra los regímenes absolutistas que, tras la caída de Napoléon y el Congreso de Viena, trataron de devolver Europa a la situación del "Antiguo Régimen".

Contra la primera, los movimientos nacionalistas exaltan lo local, lo ancestral, lo folklórico, lo étnico.. y lo vinculan con el sentimiento como opuesto a la razón (la fría diosa de la Revolución), al tiempo que atribuyen a la pertenencia al grupo un carácter teúrgico, capaz de establecer lazos místicos con unos míticos antepasados de una Arcadia feliz y primigenia que el grupo tiene como sagrada misión restablecer. Y, por supuesto, en la que no caben los que no son del grupo.


Contra la segunda, los movimientos nacionalistas buscan configurar estados libres del absolutismo.  Y aquí está la raíz del oxímoron: si buscando eliminar el absolutismo se desea conseguir un régimen político que otorgue iguales derechos a todos los ciudadanos, antes o después es preciso renunciar al nacionalismo. 

No es posible configurar la condición de ciudadano y los derechos inherentes a ella sobre la pertenencia a un grupo al que sólo se puede ingresar por nacimiento. Y menos aún si los miembros del grupo aspiran a tener, en cualesquiera circunstancias, derechos vetados a "los otros" sobre la justificación de una pretendida singularidad histórica o lingüística. (Hoy, porque después del nazismo sólo algunos se atreven a introducir la singularidad étnica o racial en la ecuación). Y en absoluto si se permite que ese grupo pueda ser sujeto de derechos a los que se subordinen los de las personas.

Por eso tantos de los movimientos nacionalistas de las revoluciones de 1848, y otros del momento actual, derivaron hacia versiones más o menos "edulcoradas" (léase "socialismo utópico") de lo que no es otra cosa que una dictadura de la tribu, en vez de dictadura del proletariado, en lugar de evolucionar a verdaderos regímenes democráticos.

Y por eso, casi un siglo después de 1848, Hitler exterminó a 6 millones de judíos invocando la superioridad aria y el destino del "pueblo alemán" de gobernar Europa. Y por eso, casi siglo y medio después, en los años 90 del siglo pasado Europa asistió de brazos cruzados a las carnicerías que ensangrentaron las repúblicas yugoslavas.

Así que, por favor, no se atrevan a repetir que el nacionalismo es progresista.

Para evitar caer en esa tentación aquí dejo un ejercicio anti-tontería especial para nacionalistas: diez frases para copiar cada día. 
  1. Un círculo no es un cuadrado.
  2. Un cuadrado no es un círculo.
  3. No se puede avanzar retrocediendo.
  4. Dos y dos son siempre cuatro. Ni cinco ni tres.
  5. Los pueblos no tienen derechos. Tienen derechos las personas.
  6. Si mis tatarabuelos y los tatarabuelos de mis tatarabuelos lo hicieron siempre así... a lo mejor es hora de cambiarlo.
  7. El idioma es para comunicarse. Y en el mundo hay más de 6.000 
  8. Hoy nadie habla sumerio. Y la gente sigue viviendo allí.
  9. Naciste solo y morirás solo. Como todos los demás seres humanos.
  10. SI DIOS EXISTE ES POCO PROBABLE QUE SEA DE TU PUEBLO
Y una pieza que simboliza un proyecto de libertad por encima de todos esos nacionalismos.



El himno de la Unión Europea,  de la novena sinfonía de Beethoven, que según se dice dedicó su tercera sinfonía a Napoleón cuando, antes de coronarse emperador, sus campañas europeas parecían prometer una Europa de ciudadanos sin países y sin guerras...



viernes, 18 de enero de 2013

Letanía de Nuestro Señor Don Quijote

18/01/2013

Hoy es el aniversario del nacimiento de Rubén Darío y Google ha dedicado su página principal a la efemérides con un doodle azul de cisnes.

Y desde hace unas semanas (o meses, según lo larga y selectiva que tengamos la memoria) las noticias acerca de casos de corrupción entre los directivos de los partidos políticos más importantes a nivel nacional y regional se suceden casi sin tregua.

Si la clase política de un país es realmente un reflejo fiel de los ciudadanos que lo habitan y la eligen ¿qué clase de país somos? ¿somos honrados solo porque a nuestra escala no tenemos ocasión de defraudar o de percibir comisiones? ¿cómo es posible que la actuación de la Justicia en gran parte de estos casos sea lenta y pusilánime? ¿cómo es posible que tantas actuaciones de esa índole queden impunes? ¿por qué los partidos políticos no adoptan, de verdad, medidas ejemplares SIEMPRE? ¿por qué utilizan el recurso de "y tú más" o el de identificar la denuncia de la corrupción con el ataque a sus principios o a su ideología? 

Así que, desolada por este panorama, me ha acordado de la excelsa "Letanía de Nuestro Señor Don Quijote" , del maestro nicaragüense, y os la pongo a continuación. OJO: leedla en voz alta y disfrutad de ese sonoro castellano, de la riqueza de los adjetivos, de la exactitud del metro, de la fuerza y belleza de las imágenes que convoca...

Rey de los hidalgos, señor de los tristes, 
que de fuerza alientas y de ensueños vistes, 

coronado de áureo yelmo de ilusión; 
que nadie ha podido vencer todavía, 
por la adarga al brazo, toda fantasía, 
y la lanza en ristre, toda corazón. 



Noble peregrino de los peregrinos, 

que santificaste todos los caminos 
con el paso augusto de tu heroicidad, 
contra las certezas, contra las conciencias 
y contra las leyes y contra las ciencias, 
contra la mentira, contra la verdad... 



¡Caballero errante de los caballeros, 

varón de varones, príncipe de fieros, 
par entre los pares, maestro, salud! 
¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, 
entre los aplausos o entre los desdenes, 
y entre las coronas y los parabienes 
y las tonterías de la multitud! 



¡Tú, para quien pocas fueron las victorias 

antiguas y para quien clásicas glorias 
serían apenas de ley y razón, 
soportas elogios, memorias, discursos, 
resistes certámenes, tarjetas, concursos, 
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón! 



Escucha, divino Rolando del sueño, 

a un enamorado de tu Clavileño, 
y cuyo Pegaso relincha hacia ti; 
escucha los versos de estas letanías, 
hechas con las cosas de todos los días 
y con otras que en lo misterioso vi. 



¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, 

con el alma a tientas, con la fe perdida, 
llenos de congojas y faltos de sol, 
por advenedizas almas de manga ancha, 
que ridiculizan el ser de la Mancha, 
el ser generoso y el ser español! 



¡Ruega por nosotros, que necesitamos 

las mágicas rosas, los sublimes ramos 
de laurel Pro nobis ora, gran señor. 
¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, 
y antes que tu hermano vago, Segismundo, 
el pálido Hamlet te ofrece una flor! 



Ruega generoso, piadoso, orgulloso; 

ruega casto, puro, celeste, animoso; 
por nos intercede, suplica por nos, 
pues casi ya estamos sin savia, sin brote, 
sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, 
sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios. 



De tantas tristezas, de dolores tantos 

de los superhombres de Nietzsche, de cantos 
áfonos, recetas que firma un doctor, 
de las epidemias, de horribles blasfemias 
de las Academias, 
¡líbranos, Señor! 



De rudos malsines, 
falsos paladines, 
y espíritus finos y blandos y ruines, 
del hampa que sacia 
su canallocracia 
con burlar la gloria, la vida, el honor, 
del puñal con gracia, 
¡líbranos, Señor! 



Noble peregrino de los peregrinos, 

que santificaste todos los caminos, 
con el paso augusto de tu heroicidad, 
contra las certezas, contra las conciencias 
y contra las leyes y contra las ciencias, 
contra la mentira, contra la verdad... 



¡Ora por nosotros, señor de los tristes 

que de fuerza alientas y de ensueños vistes, 
coronado de áureo yelmo de ilusión! 
¡que nadie ha podido vencer todavía, 
por la adarga al brazo, toda fantasía, 
y la lanza en ristre, toda corazón!

Espero que lo valoréis como merece y, para rematar (¿quién no leyó en el colegio "la princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?") os dejo "La pavana para una infanta difunta", de Maurice Ravel, interpretada por Shih-Wei Chen en el XXXI Concurso Internacional de piano Delia Steinberg.



jueves, 3 de enero de 2013

2013 ¿Y si después de lo fácil hiciéramos lo importante?

Nuevo año: 2012 fue un año muy difícil para los españoles y parece que 2013 no lo será menos. ¿Podría ser (y haber sido) de otro modo?

 03/01/2013

Tal vez 2012 no hubiera podido ser menos duro, pero de lo que estoy segura es de que el espíritu con el que lo hemos vivido, y con el que podríamos vivir 2013, podría ser muy diferente. Trataré de explicarme.

A lo largo de 2012 hemos asistido a una sucesión de medidas económicas cuyo impacto ha alcanzado a toda la sociedad, pero de manera muy especial a la clase media, tanto trabajadores asalariados como autónomos y pequeños empresarios. Y ese impacto se ha producido en su actividad diaria, en lo inmediato: subida del IVA y del IRPF, congelación de las pensiones y del salario de los funcionarios, pago parcial de los medicamentos... 

Como consecuencia el déficit público se ha reducido, pero el paro ha aumentado, el consumo se ha retraído y la actividad económica se ha deteriorado (más). Y, encima, muchas de esas medidas han sido exactamente las contrarias de las que el PP había defendido en su programa electoral.

El Gobierno ha legislado con frenesí y ha insistido (la última vez en la rueda de prensa del Presidente el viernes 28 de diciembre) en que esas medidas eran imprescindibles dado lo crítico de una situación económica de la que ellos no eran responsables y de la que, además, el saliente Gobierno del PSOE les había ocultado los datos reales.

Ha insistido también el Gobierno en que las reformas efectuadas (esencialmente la reforma laboral y la ley de estabilidad presupuestaria) sientan las bases tanto para la recuperación económica como para que una situación como la presente no pueda repetirse en el futuro.

Lamento -y mucho- no poder estar de acuerdo: en primer lugar la realidad no se cambia a golpe de decretos y un país no está mejor gobernado por el hecho de tener más leyes. En segundo lugar una infección no se cura con tisanas.

La crisis económica ha puesto de manifiesto un conjunto de problemas nacionales que pertenecen a la categoría de lo esencial y no de lo conyuntural. 


Problemas que comienzan con una educación que, en todos los niveles, carece de calidad porque se ha confundido deliberadamente la igualdad de oportunidades con la igualdad de méritos, calificando a los niños desde pequeños con un "progresa adecuadamente" para evitarles "traumas". Y así, con dos de diez las universidades más antiguas del mundo no tenemos ni una sola entre las 100 mejores del mundo.

Problemas que continúan con un mercado laboral hiper regulado, sobre el que, además, operan un orden jurisdiccional -el laboral- y unos sindicatos que parecen tener su calendario anclado en los inicios del s.XX y mantienen un discurso trasnochado de empresarios explotadores y trabajadores explotados que mal se compadece con la sociedad  y el mundo actuales. Y así tenemos una tasa de paro del 25%.

Problemas que se ven ampliados por un discurso sociopolítico que ha dominado el panorama nacional en los últimos treinta años y que, en esencia, se podría resumir en que todos tenemos derecho a todo y un ente remoto, pero todopoderoso y, sobre todo provisto de fondos de dinero inagotable (que en caso de faltar deben ser repuestos por "los ricos"), llamado "Estado" tiene que sufragar esos derechos, que, además, pueden ser ampliados simplemente por la vía de reclamarlos. 

Y así tenemos derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la cultura... En esa línea, ¿por qué no reclamar el derecho al amor, o al vino tinto o a un Ferrari o a ser alta y con los ojos verdes?

Es necesario un discurso político de calado, que haga pedagogía, que busque devolver a los ciudadanos sus responsabilidades, que explique que los derechos se conquistan cada día no en manifestaciones ni con pancartas sino ejerciendo, día a día, las responsabilidades de cada uno. Que explique


  • que no hay derecho al trabajo, sino deber de trabajar y derecho a un salario justo por ello,
  • que no hay derecho a la vivienda, sino deber de sufragársela cada uno y derecho a unas leyes justas que aseguren esa propiedad,
  • que no hay derecho a la salud, sino responsabilidad de cuidarse y derecho a una atención sanitaria eficiente que podamos pagar con nuestros impuestos,
  • que no hay derecho a la cultura, sino obligación de estudiar y derecho a contar con un sistema educativo público exigente, que podamos pagar con nuestros impuestos y que dé las mismas oportunidades a quienes tienen las mismas capacidades.


Y que al tiempo que lo explica, adopte medidas en esa línea, con una visión clara y definida de qué se desea conseguir, cómo hacerlo y cómo medirlo.


Es necesario un discurso político que explique que, al igual que los individuos, una sociedad necesita objetivos ambiciosos, finalistas, que redunden en mejoras para las personas. Que no existen derechos de los territorios, ni de los pueblos, ni de las tribus.

Y por eso, reducir el déficit no puede ser el objetivo de un paíspor más que sea necesario. Y por eso, reducir el sueldo de los funcionarios, o congelar las pensiones ni transforma la sociedad ni pone las bases de nada, aunque puedan ser medidas obligadas en un cierto momento. Y por eso, hacer leyes para el momento actual no garantiza ningún futuro, porque hacer leyes es gratis. (LAMENTABLEMENTE)


Cuando a nivel doméstico nos proponemos ahorrar siempre lo hacemos con una finalidad: bien para conseguir algo que queremos y no tenemos, o bien para preservar algo a lo que damos prioridad. Pues como país igual: esa es la verdadera explicación que el Gobierno debe a los ciudadanos y esos son los verdaderos objetivos que debe tener la acción de gobierno

Una reforma de verdad de la educación, del mercado laboral, de la justicia, de la sanidad, de las administraciones públicas, todas ellas necesarias, deben contener un conjunto de indicadores claros, que miden lo que queremos conseguir COMO PAÍS y una descripción precisa de cómo lo vamos a hacer. Esos son los objetivos que hay que dar a conocer a la sociedad, consensuar con los afectados, estudiar en su impacto y viabilidad...

Esta es la articulación que habrían debido tener las medidas que ha tomado el Gobierno (y las que NO ha tomado, lamentablemente) y este tipo de planteamientos, de país, y no de partido, es lo que hubiera permitido percibirlas como un conjunto de bloques ordenados en la construcción de un edificio, en lugar de sufrirlas como un conjunto de parches sobre un flotador  agujereado.

A modo de ejemplo, una verdadera reforma de la educación no puede quedarse en su exposición de motivos, como suelen hacer todas la leyes españolas, en frases del tipo "para mejorar la calidad de la enseñanza" o "para lograr una mayor adecuación al mercado laboral"... Eso va de suyo, se da por supuesto. ¿O se imagina alguien una exposición de motivos con "para empeorar los resultados del sistema educativo"... o "para incrementar la tasa de abandono escolar"...?  En su lugar, ¿qué tal colocar a España en los siete primeros puestos del informe PISA dentro de cinco años?...  con medidas concretas, como incrementar el número de horas lectivas de matemáticas en un 20% y elevar el nivel de los contenidos en cada curso... 

Como país no podemos seguir lamentando la mala situación económica y creyendo que con apretarnos más el cinturón (suponiendo que se pueda) y confiar en la recuperación del resto del mundo las cosas se arreglaran. Es el momento de asumir que hemos hecho muchas cosas mal durante mucho tiempo y necesitamos remangarnos para salir de la mediocridad y para que nuestros hijos reciban una herencia de la que sentirse orgullosos, en lugar de una ruina hipotecada.

Así que, ya en el tiempo de descuento para la carta a los Reyes Magos, me pido que en 2013, después de hacer lo fácil, el Gobierno (y todos y cada uno de nosotros) hagamos lo importante.