martes, 18 de diciembre de 2012

Cualquiera puede mandar pero sólo algunos saben dirigir

(18/12/21012)
Esta frase la he usado en numerosas ocasiones, e incluso se la he atribuido a alguno de esos autores remotos cuyas obras no se conservan ni siquiera en su idioma original... pero en realidad es mía.

Es puro sentido común y estoy segura de que cualquiera que haya trabajado en equipo, especialmente como subordinado, se ha hecho una reflexión semejante, así que no dedicaré más tiempo a su contenido.

En realidad la he elegido para la entrada de hoy porque, contra lo que yo creía de pequeña, mandar (en el sentido de dirigir) es muy, pero que muy difícil. Creo que, en numerosas circunstancias, es más difícil que obedecer. 

Y hacerlo en la Administración Pública y en el negocio de las TIC es aún más difícil. Porque dirigir significa aunar los esfuerzos y las capacidades de un grupo de personas hacia la consecución de un objetivo común, compartido, definido por la organización. 

Plan estratégico


Con lo cual encontramos el primer escollo: ¿quién establece los objetivos TIC de nuestra organización (Administración General del Estado / Ministerio / Subsecretaría - Secretaría de Estado - Dirección General / Subdirección de Informática)? ¿quién planifica qué vamos a estar haciendo el año que viene, dentro de dos, dentro de tres? ¿quién prioriza servicios, y por tanto inversiones o gastos, cuando la demanda es superior a la oferta? ¿quién está dispuesto a recortar servicios cuando se recorta el presupuesto?

En un mundo ideal -o algo mejor que éste, simplemente- habría una planificación estratégica de arriba abajo, en la que, desde un horizonte objetivo a 3/4 años, se iría descendiendo a planes anuales y a hitos cada vez más concretos y detallados... y después un proceso de abajo arriba en el que se contrastan objetivos e hitos con recursos y capacidades, hasta tener un plan definido, un programa de trabajo.

Salvo excepciones que se cuentan con los dedos de UNA mano no lo tenemos.  Bien. ¿Qué hacemos ahora? Bueno, básicamente podemos escoger no hacer nada y dedicarnos a "apagar fuegos" o, en la medida en que nuestro conocimiento del negocio (que lo tenemos) y de la tecnología lo permitan, tratar de elaborar planes "B", que anticipen los fuegos del año próximo (o de dentro de dos...) 


Quien tiene un plan B tiene un tesoro


Y ya estamos ante el segundo escollo: ¿cómo conseguir que el equipo perciba que la elaboración de planes B es parte de la responsabilidad del directivo y también de ellos y que, además, va en su propio beneficio el hacerlo?

¿Que nadie va a venir a hacerlo y que el hecho de que otros sectores de la organización no lo hagan no puede servir de excusa acomodaticia para no hacerlo nosotros?

En este punto es donde me hago la reflexión: ¿cómo dar sentido al esfuerzo extra que supone hacer un plan B para equipos que ya están sobrecargados con un trabajo que poca gente valora? ¿cómo estimular ese plus de profesionalidad necesario para sacar adelante iniciativas que la organización desdeña en vez de impulsar? ¿cómo recompensar a esos profesionales en el modelo funcionarial de café para todos?

Sinceramente, no tengo ni idea

De momento me limito a agradecer la suerte que tengo con la gran mayoría de mi equipo y a rezar a todos los santos de mi devoción porque sigan motivándose ellos solitos cada día. 

Yo me esfuerzo en no desmotivarles... y en tener a mano un plan B conjunto.

Hoy, a juego con el doodle del 120 aniversario del Cascanueces, el paso a 2 del acto segundo, por el Ballet Clásico de Moscú.



miércoles, 12 de diciembre de 2012

Software libre y pasteles gratis

Aclarando conceptos

 
Como está visto que muchas personas leen lo que quieren leer e interpretan lo que les conviene voy a hacer un resumen de lo que escribí en una entrada previa de este blog.

Me disculpo de antemano con quienes estén aburridos de tanta tergiversación. Yo también lo estoy. Pero no voy a consentir que supuestos "expertos" pongan en mi boca cosas que no he dicho y me da igual cómo de influyentes sean, cuántos seguidores tengan o qué profesión ejerzan.

Esto es lo que escribí allí y lo que creo. El resto son interpretaciones, allá cada cual con las suyas.

1. Cualquier creador, sea de software, de música, de cine, de diseños de coche, de pasteles o de cualquier otra cosa, material o inmaterial, tiene perfecto derecho a tratar de vivir de su actividad y a vender el fruto de su trabajo.

2. Del mismo modo tiene perfecto derecho a regalarlo, a permitir su uso de manera gratuita o a ofrecer a otros la posibilidad de reutilizarlo, con o sin ánimo posterior de lucro.

3. Estos derechos SON del creador de la cosa en cuestión, de nadie más.

4. NO es un derecho "de los demás" exigirle que regale el fruto de su trabajo.

5. NO es un derecho del creador el que "el Estado" le subvencione para que pueda vivir de su actividad.

6. La Administración Pública sirve con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación, con sometimiento pleno a la Ley y al Derecho"

7. Cumplir con la obligación expuesta en el punto 6 NO se garantiza automáticamente NI eligiendo software privativo NI eligiendo software de fuente abierta NI eligiendo software gratuito.

8. CADA PROBLEMA TIENE UNA SOLUCIÓN ÓPTIMA QUE ES OBLIGACIÓN DEL GESTOR PÚBLICO ANALIZAR Y ESCOGER PARA CUMPLIR CON 6

Y no se preocupen, "alguien" seguirá diciendo que no distingo entre un enlace y el contenido enlazado y algún otro "alguien" se atreverá a escribir que "defiendo que el Estado continúe pagando cuantiosas sumas por tecnologías" y además enlazará esa falsedad con la "noticia" acerca de la web del Senado como si yo tuviera algo que ver en ello.

 

Los defensores a ultranza del software libre ¿cómo proponen que se ganen la vida los programadores? si toda creación debe compartirse de manera gratuita ¿por qué no pedimos pasteles gratis? ¿o coches libres?


El llamado software libre (sea software de uso gratuito, software de fuentes abiertas o variantes de estos tipos) lleva existiendo mucho tiempo, seguramente tanto como el software. El impulso humano de compartir se aplica a cualquier actividad y la de elaborar código no es una excepción.

Sin embargo, el debate sobre su uso, o más exactamente, sobre la "obligatoriedad" de su uso en los servicios públicos, es más reciente y en  España no ha dejado de incrementarse como consecuencia, por una parte, de las previsiones de la Ley 11/2007, de acceso de los ciudadanos a los servicios públicos, y por otra de la crisis económica. 

El mercado mundial de software comercial supuso en 2010 más de 265.000 millones de dólares, según MarketLine y su crecimiento se estima que sea del 6% anual de 2010 a 2015 y este crecimiento alcanza la cifra del 18% anual en el caso del software social empresarial o del software de animación 3D, según TechNavio.

Por otra parte, el mercado del software de fuentes abiertas se espera que supere los 8.000 millones de dólares en 2013, con crecimientos del 22% anual, según IDC

 Mientras que el caso del software comercial el núcleo del negocio es la venta y actualización de las licencias que permiten usarlo, en el caso del software de fuentes abiertas el negocio está en el desarrollo de funcionalidades adicionales sobre el producto inicial y la integración de éste con otros sistemas. Las cifras indican que los dos paradigmas gozan de buena salud. 

En mi opinión ambos modelos tienen ventajas e inconvenientes y creo que la decisión de un buen gestor (y más de un gestor público) debe ser una decisión basada en criterios técnicos y económicos sobre todo el ciclo de vida del sistema, es decir teniendo en cuenta los costes de adquisición, de mantenimiento, de operación y, muy importante, de sustitución. Y esta ecuación, por mucho que se empeñen los fanáticos del software libre (que los hay) no arroja siempre el mismo resultado.

Pero es que hay además, otro dos elementos de mayor calado que no suelen aparecer en este debate de software comercial vs. software de fuente abierta: en primer lugar el derecho de los desarrolladores de software (sean empresas o particulares) a vender el resultado de su trabajo y aspirar a vivir de ello. Si quien tiene talento para la literatura puede aspirar a vivir de sus creaciones ¿por qué quien tiene talento para programar está obligado en nombre de no sé qué principios morales a proporcionar gratis el fruto de su trabajo a los demás? ¿hay que proteger la industria del cine nacional porque es cultura pero el software nacional que sea gratis? Un poco de coherencia, por favor.

Si nadie discute el derecho de los fabricantes de automóviles o de los cocineros a proteger los  secretos de sus productos ¿por qué las empresas de software deben regalar los de sus productos, que no han costado menos en términos de I+D+i o de capital humano? ¿alguien reclama la existencia de "pasteles gratis"? ¿o la de "coches libres", en los que cualquiera pueda tener acceso a los detalles del modelo y por tanto fabricar componentes y accesorios? No lo entiendo y, sinceramente, creo que detrás de muchos de esos discursos "antigrandes empresas americanas" hay una importante dosis de envidia (cochina).

Y el segundo elemento al que me refería más arriba en el debate del software comercial vs. software libre es la teoría de que la Administración tiene la obligación de usar software libre.

Y, lo siento infinito, por más que la redacción de la Ley 11/2007 en varios de sus puntos permita esa interpretación, y por más que el asegurar la neutralidad tecnológica a los ciudadanos sea un correcto principio guía, el defender que las administraciones públicas están obligadas a escoger soluciones de software libre o de fuentes abiertas es un disparate

La Administración NO está para hacer software, la administración está para servir "con objetividad los intereses generales y actúa de acuerdo con los principios de eficacia, jerarquía, descentralización, desconcentración y coordinación..."  (artículo 131 de la CE). 
Por ello los criterios para elegir soluciones tecnológicas deben ser esos, ni más ni menos. 
Y las posturas "teológicas" sobran.

PD. Yo uso software de fuentes abiertas. Y software comercial. Con licencia.

Hoy el regalo musical es un villancico anónimo medieval español, "Bien vengades pastores", manuscrito de un libro de ceremonias de la catedral de Toledo, interpretado por la Capella de Ministrers.