miércoles, 17 de agosto de 2016

Los divorcios son para el verano. Un teorema

Todos los años, con el final de las vacaciones aparecen en todos los periódicos estadísticas sobre el incremento de demandas de divorcio después del verano junto con estudios (más o menos serios) acerca de los motivos de semejante incremento.

Así que, tras varios años de cuidadosa observación en diferentes entornos vacacionales quiero aportar mi contribución al tema. Más que nada por si ayuda a prevenir alguno de esos divorcios.

Primero definamos un entorno vacacional: se trata de una zona residencial, en la costa o en el interior cuyos residentes son, básicamente, familias más o menos amplias de parejas con sus hijos, abuelos, tíos y primos, conviviendo durante un período de tiempo limitado y compartiendo, por tanto, comidas, habitaciones, cuartos de baño, etc.

Segundo, asumamos que, en la actualidad, ya en la segunda década del siglo XXI y en España, en la mayor parte de los casos observados, los dos miembros de la pareja trabajan fuera de casa.

Tercero, para no confundir los deseos con la realidad, asumamos también que, en la mayor parte de esos casos observados, la mujer es también la que, además de trabajar fuera de casa, hace un promedio de 14 horas semanales más de trabajo doméstico que el hombre (ver datos del INE en lo referido a parejas con hijos, aquí).

Muy bien, pues ahora que ya tenemos definida nuestra población de estudio (establecidos nuestros axiomas), pasemos a mis personales observaciones y explicaciones al fenómeno observado, que, os recuerdo, era el incremento de las demandas de divorcios a la vuelta de vacaciones.

Es bastante obvio: la mujer llega al entorno vacacional, hartita de currar, de madrugar, de encajar la comprar entre la jornada de mañana y la de tarde, de hacerse la cera en la media hora que le queda libre entre la reunión del colegio y la hora de recoger el coche del taller, de planificar los menús de la semana, de preparar por la noche la comida del día siguiente, de acostarse pensando "m*ç's, otro día que no hice deporte!"... y se encuentra...

¿Qué? Que toda su familia, empezando por su santo, está de vacaciones.... pero ella no!

O sea, que todos siguen esperando comer tres veces al día, que siguen usando ropa que luego echan a lavar, que se duchan y aparecen toallas sucias, que la nevera se queda vacía, que los peques de la casa necesitan baños...  Y mientras todo eso ocurre los hombres de la casa, en el entorno vacacional, están desaparecidos.

Es decir, se dedican a sus hobbies, que para eso están de vacaciones. Esos hobbies son muy variados. los hay deportivos (vela, golf, ciclismo, tenis...),  intelectuales (leer, escribir, jugar al ajedrez..) y meramente lúdicos-relajantes (tirarse al sol, tomar cañas, echar la siesta, conectarse a internet..) 

Pero todos ellos tienen dos características en común:
  • Ocupan muchíííííísimo tiempo (toda la mañana, más o menos, con lo cual son bastante incompatibles con hacer la comida, o la compra o limpiar el baño, por ejemplo o bien toda la tarde, en cuyo caso no permiten llevar a los niños a la piscina, o hacer la cena, o poner la lavadora...), 
  • Para el caso de que la mujer se queje de que ella no tiene tiempo para practicarlos, basta con decirle que se complica mucho la vida con las comidas, o con la ropa o con la casa y que no hace falta hacer tanto.
Adicionalmente, en estos entornos que hemos definido como vacacionales, se mezclan durante unos días personas con caracteres, costumbres y crianzas (lo que los finos llaman "background") bastante diferentes. Vaya, que coinciden cuñados, cuñadas, suegras,  suegros, nueras, yernos, sobrinos, etc.  

Y claro, en este medio, los egoístas se vienen arriba. Basta la más mínima excusa para que el egoísta de raza decida que él no va a hacer X si fulanito no lo hace o si fulanito no hace Z. Y no importa que haya otro menganito que haga mucho más o que haga otras cosas que él tampoco hace...a lo mejor ese menganito lo hace por gusto o porque no tiene hobbies apasionantes... vete a saber, mejor no preguntar!

Así, este individuo, cuando su mujer se queje de la falta de colaboración tendrá lista la comparación con fulanito como primera línea de defensa y, como segunda, la de "pues haberme pedido ayuda".... 

Como si ocuparse de los hijos comunes, o de la casa compartida o de la comida de todos fuese algún tipo de misión secreta encomendada a las mujeres en la que élgraciosamente, podría colaborar si se le pidiera ese favor con el posterior reconocimiento y agradecimiento de todos los beneficiarios de su magnanimidad.

O sea, que después de quince días o un mes de este panorama, de currar como si siguieran en su casa mientras sus maridos se dedican a tocarse... las narices, las mujeres de nuestro sistema están hartas del verano, del entorno vacacional y, sobre todo, de su marido.

Pues imaginaos esto mismo pero cuatro, seis, diez años seguidos, mientras los niños crecen y el plan sigue siendo el mismo cada verano (o peor, no vamos a entrar en detalles que exceden del ámbito de observación de este estudio...)

¿Qué podéis suponer que ocurre? Que la buena mujer, cuando llega el mes de septiembre piensa: si pido el divorcio ahora mismo igual con un poco de suerte el próximo verano sólo tengo que ocuparme de mis hijos y no de su padre y, además, tengo quince días para estar sola...  y después de algunos años de pensar esto mismo cada mes de septiembre, un año va y lo pide.

Pues ya tenéis la explicación del fenómeno. Y, sinceramente debo deciros después de todas las observaciones experimentales, que no me extraña nada el aumento de demandas de divorcio en septiembre. Bueno, sí. Me extraña que no sea mayor. ¿Cómo lo veis?


Os dejo la cantata 66 de J. S. Bach, "Erfreut euch, ihr Herzen, BWV 66 (Regocijaos, corazones)







lunes, 16 de noviembre de 2015

Además de llorar

16 de noviembre de 2015


Escribo esto dos días después de los atentados de París y a la mañana siguiente al bombardeo respuesta de la ciudad de Raqqa por la aviación francesa y estadounidense.

Después de haber visto fotos y vídeos de cuerpos destrozados y de niños llorando. Y me gustaría poder hacer algo, primero para consolar a  los que lloran, después para evitar más llanto.

Las redes sociales se han llenado de mensajes de compasión, pero también de rabia, de impotencia y también, tristemente, de odio.

¿Cómo es posible causar una masacre como la de París? ¿Cómo es posible no compadecerse de los niños que viven y mueren en las zonas en guerra? 

Convencida como estoy de que los valores europeos de libertad y tolerancia son infinitamente superiores a cualesquiera otros ¿cómo voy a dejar de llorar por niños sin familia, padres sin hijos, vidas destrozadas, sólo porque pertenecen a una sociedad que no los comparte?

Convencida como estoy de que una religión que busca imponerse no puede ser buena, de que si Dios existe su misericordia tiene que ser muy superior a la de cualquier humano, ¿cómo voy a dejar de compadecerme del sufrimiento de la gente por sus creencias o, más aún, por vivir demasiado cerca de quienes tienen otras? 

Convencida como estoy de que quienes creemos en la libertad, la tolerancia y la democracia debemos defender esos valores con decisión, con valor y sin falsa corrección política ¿cómo voy a negar la humanidad de quienes no conocen esos principios, de quienes, por el azar de haber nacido en unas coordenadas concretas seguramente no los conocerán nunca o incluso crecerán despreciándolos?

No puedo. No puedo dejar de llorar por todas las víctimas inocentes de estos días, de esta guerra asimétrica, confusa, en la que se mezclan tantos elementos de ideología, de religión, de intereses geopolíticos, de lucha por el poder...

Y es terrible que no hay respuestas fáciles, no hay soluciones sencillas, no hay remedios a corto plazo.

Europa tiene que defenderse, pero ¿qué pasa con las poblaciones civiles afectadas? ¿qué explicación puede servirles? ¿qué consuelo, qué esperanza?

Los europeos podemos ayudar a quienes vienen a Europa en busca de una vida mejor, pero ¿qué pasa cuando su vida mejor es a costa de la nuestra?

Los islamistas reclaman respeto para los musulmanes en Europa, pero ¿qué clase de respeto se ofrece en los países de régimen musulmán a quienes no lo son? ¿qué clase de tolerancia aplican ellos, incluso en Europa, para quienes no viven según "su" ortodoxia?

Además de llorar, yo quiero hacer algo más. Quiero gritar que lloro por compasión, por fraternidad, por humanidad. NO porque me sienta culpable. 

Quiero gritar que Europa es el resultado de la libertad y la tolerancia. Y que debe seguir siéndolo, a pesar del miedo y de los terroristas. Y que seguiremos defendiendo la libertad de conciencia, de opinión, de expresión... Y que no dejaremos que nos las arrebaten.

Quiero gritar que quien venga a Europa, con todos los derechos a los que pueda aspirar, tiene un único e inexcusable deber: respetar la libertad de los demás y las leyes que la garantizan. Ni la religión, ni la pobreza, ni las tradiciones, ni las penalidades sufridas, ni las historias del pasado, pueden ser excusas para cumplirlo. Ese deber es el fundamento de la ciudadanía.

Y por eso, precisamente por eso, quiero animar a todos los que lean esta líneas, a dos cosas: hacer esta defensa de Europa en todos los foros y ocasiones a su alcance y contribuir, en la forma en que puedan, a ayudar a las víctimas del ISIS en Siria, Turquía, Túnez, Libia...

Porque quien cree que todas las personas tienen los mismos derechos por el hecho de ser personas siempre será moralmente superior a quien cree que esos derechos los puede otorgar otro ser humano "en nombre de Dios".

Y hoy no puedo poner otra música que la Cantata 147, de Bach. 





lunes, 28 de septiembre de 2015

Criar o educar

28 de septiembre de 2015

Ahora que casi se acaba el verano en Madrid y en los colegios, institutos y universidades ya han comenzado las clases de un nuevo curso, parece un buen momento para compartir dos reflexiones sobre este tema.

Hace bastantes años, cuando yo era una niña, era frecuente oír la expresión "criar a los hijos", que hoy ha caído en desuso (al menos en España). 

Es una expresión muy precisa, muy centrada en lo que durante siglos ha sido la principal preocupación de los padres: dar de comer y mantener medianamente sanos y protegidos a los hijos. La mayor parte de la población no tenía recursos materiales para mucho más y sin ese mínimo puramente biológico es difícil plantearse la cuestión de qué recursos intelectuales o morales proporcionar a los hijos.

No obstante, a poco que se pudiera, esa crianza contenía una voluntad de mejorar (el respeto reverencial por el conocimiento, el deseo de que los chiquillos aprendiesen) y un afán de conseguir el respeto propio y ajeno que solía materializarse, a un nivel muy elemental, en el carácter casi sagrado de la palabra dada.

Hoy, cuando la enseñanza ha sido asumida por el Estado, como un derecho de los niños, nadie habla ya de criar y todo el mundo habla de educar a los hijos. 

Y sin embargo, tristemente, hay muchos, muchos, padres que crían a sus hijos en el sentido más literal y limitado del término. Se aseguran de que estén alimentados, limpios y vestidos y de depositarlos a las horas convenidas en diferentes instituciones, a las que se les traspasa la responsabilidad de la educación, confundiendo enseñar con educar.

Los niños se educan, fundamental y esencialmente, en casa. Sólo en casa puede aprender un niño a respetar a los demás, a colaborar sin esperar nada a cambio, a ser generoso, a perdonar, a alegrarse con los éxitos ajenos, a ser honrado, a decir la verdad aunque no sea cómoda, a pensar por sí mismo, a poner el deber por delante de la satisfacción... sólo en casa aprende un niño a dominar sus impulsos, sus apetencias y sus rabietas.

Y un niño se educa, básicamente, a través del ejemplo: no sirve de nada pedir a un niño que comparta si ve a sus padres ser egoístas entre sí o con él mismo, o con otros. No sirve de nada reñir a un niño por mentir si no cumplimos lo que le decimos. No sirve de nada tratar pedir a un niño que recoja sus cosas si las nuestras están tiradas... No sirve de nada darle cubiertos si nos ve comer con los dedos.

La escuela puede, y debe, por supuesto, reforzar estos principios, pero en ningún caso puede suplir la tarea de los padres. La enseñanza es un derecho de los niños; la educación es una obligación de los padres.  

Está muy de moda hablar de "la educación en valores"... supongo que será porque cada vez hay más padres que piensan que así puede ser una actividad extraescolar. Y la única educación en valores que sirve es la del ejemplo diario de los padres.

Así que, si quieres que tu hijo se comporte de cierta manera, asegúrate tú, primero, de ser un ejemplo para él. Así conseguirás dos cosas: la primera, que desarrolle ese comportamiento y la segunda que te respete. 

Lo más valioso que los padres podemos dejar a nuestros hijos son, justamente, los principios. Principios transmitidos día a día, en la familia, sin charlas y sin explicaciones, con el ejemplo continuado.

En esta confusión entre educación y enseñanza hay incluso hay gente que se lamenta de que sus padres no les haya podido educar porque no tenían formación... Y no, si están sin educar es porque sus padres no tenían principios que transmitirles o porque no dedicaron tiempo a estar con ellos para transmitírselos. Cosa distinta es que -además- puedan estar sin formar.

Porque esta es la segunda reflexión de este comienzo del otoño: educar lleva tiempo. Precisamente porque se educa con el ejemplo, con la actuación en la vida cotidiana, con la convivencia diaria del niño con los padres. 

Así que, si tienes poco tiempo libre dedícaselo íntegro a tu hijo; y si tienes mucho tiempo libre dedica la mayoría a tu hijo. 

Ninguna actividad extraescolar proporcionará más beneficios a tu hijo que la educación que tú le des. Todas las aficiones que los padres tenemos seguirán ahí dentro de unos años, para que las retomemos. Los que no seguirán ahí para que les eduquemos serán nuestros hijos. Y entonces no servirá de nada lamentarnos de no haberlo hecho.


miércoles, 26 de agosto de 2015

Multiculturalismo y tolerancia

26 de agosto de 2015

Las cabeceras de la prensa en los últimos meses parecen estar llenas de noticias o sobre las atrocidades del Estado Islámico o sobre la avalancha de refugiados que busca una vida mejor -y a veces simplemente una vida- en Europa.

Y, además, de la rabia o compasión  -según el caso- que me producen esos titulares, las reflexiones posteriores me llevan siempre a las mismas preguntas, que me gustaría que todos los ciudadanos europeos nos hiciéramos y nos respondiéramos, sin demagogia, sin hipocresía y, por favor, por favor, sin corrección política.

¿Cuál es la religión mayoritaria (y en la inmensa mayoría de los casos oficial y en no pocos la única permitida) de todos los países implicados en el surgimiento del DAESH y en su área de expansión?

¿Cuál es la postura de la mayor parte de esos países hacia la práctica de otras religiones, el abandono de la religión oficial o la ausencia de religión? Y ojo, al hablar de postura hablo no sólo de las leyes sino, también de la opinión pública, de los partidos mayoritarios (donde los hay) de los medios de comunicación...

¿Cuál es la postura de esos países hacia las libertades políticas, la separación de poderes, la democracia, la igualdad de derechos, la libertad sexual, el respeto a las minorías...?

¿De qué países proceden los refugiados que se agolpan a las puertas de Europa? ¿Cuál es la religión mayoritaria entre ellos?

¿Y qué elementos comunes caracterizan a los países a los que desean llegar? Justamente aquellos que NO existen en sus países de origen: derechos humanos, tolerancia, libertad, imperio de la ley.

Y, por favor, no me contéis que Europa explota a África o que la prosperidad de los países europeos es la consecuencia de la miseria de los países africanos. Consultad los datos de ayuda económica de la UE a África y al Medio Oriente aquí.  

Luego, contrastad esas cifras con las noticias acerca de las cuentas en Suiza de los gobernantes de esos países, o de sus residencias en Europa o de sus ejércitos o... con la ayuda que los países del Golfo proporcionan a sus "hermanos musulmanes"... (atención, en forma de mezquitas o madrasas NO cuenta). ¿Porqué el éxodo de los refugiados no se dirige hacia Dubai, Quatar, Arabia Saudí...? 

Más aún, cuando en todos esos países estallan las guerras, las hambrunas, las epidemias (¿ya se nos ha olvidado el Ébola?) ¿de dónde proceden los voluntarios de las ONG que actúan allí? Me parece que casi todos ellos son "malvados europeos"...

Y cuando las ONG se van y ya no quedan periodistas ¿quiénes son los que siguen compartiendo la miseria, el peligro y a veces la muerte? Hasta donde tengo noticia son "infieles misioneros cristianos" ... que, por cierto, no preguntan cuál es la fe de aquellos a los que ayudan.

Así que por favor, la próxima vez que por corrección política os sintáis presionados para admitir que todas las culturas son iguales o que todas las creencias merecen el mismo respeto, recordad estas preguntas.

Recordadlas y haceos un favor a vosotros y a vuestras hijas, madres, hermanas y un homenaje a tantísimas personas que en todos los lugares del mundo y a través de la historia han luchado por esa libertad que en Europa parece que no sabemos ya apreciar.

NO TODAS LAS CREENCIAS MERECEN EL MISMO RESPETO. NO TODAS LAS CULTURAS SON IGUALES.

Lo único igual debe ser, justamente, el derecho de todos a tener su propia creencia y su propia opinión. Y el respeto a ese derecho es lo que diferencia a Europa y lo que la ha hecho grande. Ese respeto es lo que debemos defender a ultranza, sin concesiones, sin excepciones. 

Nuestra cultura es superior precisamente por eso, porque nos respetamos el derecho a opinar, a discrepar, a creer en un dios, en otro o en ninguno. Y porque creemos que la dignidad humana es inherente al ser humano y no algo que pueda otorgar o retirar cualquier iluminado en nombre de un dios cualquiera.

Sonatas para flauta de Telemann Un compositor inglés que viajó por Europa y compartió su arte con otros insignes compositores de diferentes países y creencias... cuando Europa empezaba a reponerse de las guerras de religión.









martes, 23 de diciembre de 2014

El relativismo moral tiene un precio...

... que tal vez terminen pagando nuestros hijos.

23/12/2014


La semana pasada he estado unos días en Marruecos, por motivos de trabajo. No voy a detallar las cosas que me sorprendieron -unas agradablemente, otras de manera decididamente molesta- pero sí quiero comentar dos aspectos que me han hecho cavilar bastante a la vuelta.

El primero de ellos la defensa de un alto funcionario marroquí de la sensatez de incluir en la reglamentación de la vida civil de aquellos aspectos de la religión (musulmana) que pudieran ayudar a orientar el comportamiento de las personas. 

El segundo la reacción de algunos europeos ante esta afirmación, al aceptar por un lado que esto pudiera ser conveniente dado que se trata de "su cultura" y, al rechazar, por otro, la hipótesis de que los valores europeos pudieran ser moralmente superiores. 

De verdad que aún no salgo de mi asombro: ¿o sea, que en Europa en general y en España en particular, hemos llegado a un punto en que por decir "Feliz Navidad" te montan un pollo, en el que por afirmar que las iglesias cristianas tienen el mismo derecho que cualquier otra asociación o ciudadano a manifestar su opinión te llaman "integrista", en el que por señalar la influencia del cristianismo (ojo, no confundir con las iglesias) en los principios de los derechos humanos te llaman "fanático" y en cambio, que al otro lado del Mediterráneo los principios de la religión musulmana dirijan las leyes -y por tanto la vida- de las personas, tanto si los comparten como si no, es perfectamente razonable?

¿O sea que el esfuerzo (y la sangre) que costó en Europa acabar con las guerras de religión, reconocer que la fe debe ser un asunto privado y que la convivencia debe asentarse en un respeto escrupuloso al derecho de los demás a rezar como mejor les parezca, incluyendo -evidentemente- no rezar, no ha servido para nada? 

¿Que ese respeto, sobre el que se basan todas las Constituciones Europeas (y que por cierto, ha permitido que inmigrantes de todas las dictaduras musulmanas se asienten en Europa y practiquen libremente sus creencias de un modo en el que ningún cristiano, ni ateo puede hacer en ningún país musulmán) no merece que afirmemos, sin ningún género de dudas, que nuestros valores son mejores? 

No confundamos las cosas: afirmar que los valores de tolerancia y respeto, de libertad de opinión y religiosa, de separación de la religión y el Estado son decididamente superiores moralmente, no significa ni que no respetemos la dignidad de quienes no los comparten, ni, mucho menos que pretendamos imponerlos por la fuerza. 

Pero sí tiene que significar que tenemos el valor de defenderlos, de afirmar su primacía, de tratar de difundirlos y, sobre todo, de no sacrificar el futuro de nuestros hijos en una sociedad en la que puedan ser libre e iguales ante la ley, a una mal entendida tolerancia, a un relativismo moral cuyo precio será, perder en unos años, por desidia, lo que tan costosamente se construyó a lo largo de siglos.

Las tradiciones no son necesariamente respetables ni por ser antiguas ni por ser mayoritarias en determinadas regiones: el canibalismo fue, en ciertos sitios y en ciertos momentos, una tradición; también la esclavitud. La ablación del clítoris sigue siéndolo. La desigualdad de las mujeres también. La pena de muerte para homosexuales o musulmanes que se convierten a otras religiones igualmente.

¿Queremos seguir mirando para otro lado y llamarlo "otra cultura"? 



viernes, 10 de octubre de 2014

Compasión y cobardía

10 de octubre de 2014

Hoy el Comité Nobel de Noruega ha concedido el Premio Nobel de la Paz a Kaylash Satyarthi y a Malala Yousafzai.

Una adolescente paquistaní musulmana a la que la barbarie de los talibanes estuvo a punto de matar por el delito de ir a la escuela, contarlo y defender el derecho de las niñas a la educación.

Y un activista indio que lleva años liderando la lucha pacífica contra el trabajo infantil, en su país y en todo el mundo, difundiendo el mensaje de que los niños necesitan educación como el medio más seguro de alcanzar una vida digna y una sociedad mejor.

Y hoy, en un hospital de Madrid, Teresa Romero, auxiliar de enfermería, contagiada de Ébola por atender a un paciente con esa misma enfermedad, gravísima, sin cura y extremadamente contagiosa, permanece en estado crítico.

Son ejemplos de que hacer lo que debemos no es siempre fácil, ni siquiera seguro, ni mucho menos agradable. Ejemplos de cómo hemos olvidado, en nuestra protegida y civilizada Europa, que la vida no tiene garantías, y que la humanidad, es decir la compasión, el cuidado de los enfermos, de los débiles, de los niños, exige compromisos personales, renuncias, sacrificios.

Sus actos debieran servir como referentes morales en una sociedad que tiene enfermedades bastante más graves que el Ébola.

Una sociedad en la que hace un par de días, mientras en las redes sociales se llamaba asesinos a quienes sacrificaban al perro de Teresa como medida de precaución ante posibles contagios, en los hospitales de África morían en una jornada centenares de niños y adultos. Como cada día, por otro lado. 

Una sociedad en la que se reprocha al gobierno no dedicar suficientes recursos a rescatar a algunos ciudadanos en el extranjero y se le reprocha rescatar a otros, porque eran religiosos. Y en la que nadie ha reparado en que el suero que se está utilizando en el tratamiento de Teresa, procede de la donación altruista de una religiosa. Que, por cierto, es africana y a la que nunca hubiéramos traído a tratarse a nuestra civilizada Europa. La hermana Paciencia Melgar.

Una sociedad en la que un médico (¿qué ha sido del espíritu de Hipócrates, de Avicena, de Florence Nightingale...?), que ocupa un cargo público, se permite denostar a una profesional de la sanidad, que tal vez pierda la vida porque la arriesgó cuidando de otros, echándole la culpa de haberse contagiado de una enfermedad de la que casi nadie sabe gran cosa. Él mismo incluido.

Una sociedad en la que conseguir la implicación de los hombres en la crianza de sus hijos nos parece todo lo importante que realmente es, pero defender los derechos de las mujeres musulmanas -no sólo en otros países sino en los nuestros propios- no nos lo parece tanto porque, al fin y al cabo... es su cultura y no vamos a ser racistas.

Y una sociedad en la que creemos que la educación infantil consiste en que los niños no se traumaticen, no corran riesgos, no tengan que hacer esfuerzos, no se enfrenten a nada desagradable, ni triste, ni difícil. 

¿Dónde está el suero que nos permita reaccionar contra esta cobardía bien pensante, bien intencionada y egoísta?  ¡Ojalá lo supiera!

Os dejo el final del "Ocaso de los dioses", de R. Wagner.






miércoles, 24 de septiembre de 2014

La falacia del progreso

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12 de septiembre de 2014

Una de las ideas que nos dejó en herencia la revolución industrial del siglo XIX, al menos en Europa y en América, fue la creencia en el progreso ininterrumpido de la sociedad.

El convencimiento de que el esfuerzo humano generaría, de manera continuada, avances en todas las áreas de la vida y el conocimiento y que esos avances, más o menos rápido, se traducirían en mejores condiciones de vida para todos los miembros de la sociedad.

Sobre ese optimismo que podríamos calificar de científico, en la medida en que espera todos esos avances del cada vez mayor y mejor conocimiento de la naturaleza, muy diversas teorías políticas trataron de diseñar sociedades que aseguraran tanto el efectivo desarrollo de los avances como la mejor difusión de sus beneficios y ahí están las diversas utopías anarquistas y comunistas.

Las atroces guerras del siglo XX y los millones de muertos de esas utopías puestas en práctica no fueron suficientes para que las sociedades occidentales empezaran a dudar de esa creencia en el progreso, fundamentalmente porque el avance científico de ese siglo supuso transformaciones económicas y sociales de un alcance previamente no imaginado. Es más, otras sociedades en el mundo oriental se incorporaron a esa creencia en un futuro siempre mejor.

Y aquí estamos, ya entrado el siglo XXI... y ¿qué podemos decir? pues que ese optimismo no está justificado. En absoluto. Y no porque la ciencia haya perdido la capacidad de mejorar nuestro entorno y nuestra vida.

Sino porque nosotros mismos, los seres humanos, somos capaces de jodérnosla (y perdón por la expresión), sin reparar en gastos.

Mientras en Silicon Valley aparecen start-ups centradas en la investigación sobre el proceso de envejecimiento que hablan, incluso, de la inmortalidad como objetivo (1, 2) en Irak y Siria una horda de fanáticos proclama un califato universal y asesina sin reparo ni remordimiento, con el único y reconocido propósito de instaurar un régimen de terror dedicado a la adoración de un dios bárbaro y al cumplimiento de unos preceptos salvajes e irracionales. 

Y mientras los niveles de bienestar habían ido mejorando, de manera lenta y desigual, pero sostenida en una gran parte del mundo, mientras se había ido extendiendo el convencimiento de que las fronteras eran divisiones artificiales y de que los derechos humanos debían estar por encima de tradiciones locales y de países, justamente en la vieja Europa donde nacieron esas ideas (y prosperaron, al precio de innumerables guerras) renacen ahora los fantasmas del más trasnochado nacionalismo.

Se escuchan las voces que piden volver a una aldea idílica, aislada del mundo, para preservar, incontaminadas, no se sabe qué esencias que permiten a quienes se han dejado embaucar, creerse mejores que sus vecinos: más listos, más guapos, más altos...sin necesidad de hacer ningún esfuerzo, pero tampoco sin correr nunca el riesgo de perderlo, porque lo que se tiene sólo por el hecho de nacer, ni puede dejar de tenerse ni, mejor todavía para tanto espíritu mezquino, puede alcanzar a ser poseído por "el otro", "el forastero"... "el enemigo".  Ahí está Escocia. Ahí está Cataluña.

Así que, ¿quién puede seguir creyendo en que el progreso es algo que seguirá ocurriendo?
¿quien puede seguir pensando que no es necesario hacer nada, que las cosas irán mejorando solas? No es verdad. Al contrario. 

El riesgo de que los regímenes democráticos que hemos conocido, las libertades que hemos despreciado dándolas por supuestas cuando no por escasas, sean sólo un breve paréntesis en un "largo cuento lleno de ruido y de furia" es, en mi opinión, demasiado real, aunque tal vez no sea inminente. 

Pero como decía hace unos días Pérez-Reverte "es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros" Y eso, exactamente eso, es lo que estamos haciendo.

Hoy la suite "Iberia", de Isaac Albéniz. Al piano Alicia de Larrocha.  

¿Necesitáis saber dónde nacieron para valorar su talento y disfrutar de él?




viernes, 29 de agosto de 2014

Mercado y moral, fanatismo y tolerancia


29 de agosto de 2014

Llevo ya una temporada larga escuchando a moralistas de toda índole hablar de las maldades del mercado, de la perversidad del capitalismo, de la corrupción de la banca y de la falta de honradez de las empresas.

Las recetas ofrecidas para poner remedio a todos estos males varían, desde las más radicales (si la raíz de todos ellos es el capitalismo como sistema, erradiquemos éste y desaparecerán) a las más intervencionistas (el problema es la falta de regulación, hagamos que el Estado intervenga en todos los sectores de actividad y eso eliminará comportamientos irregulares) sin descuidar las utópicas (los individuos persiguen su interés individual porque se han educado en un sistema sin principios, creemos un sistema solidario y todos los "hombres nuevos" se dedicarán con afán al interés ajeno).

Y, en mi opinión, tanto el problema como la solución, están en las personas: si una persona no tiene principios morales, si no le importa lo que está bien y lo que está mal, si no es capaz de regir sus actuaciones por el criterio de tratar a los demás como quiere ser tratado, entonces, sea cual sea el sistema en el que viva, el trabajo que desempeñe, la organización para la que trabaje o las leyes que le obliguen, se comportará sin respeto alguno por los demás. 

Y eso no puede evitarse: puede (y debe) reducirse su ocurrencia construyendo una sociedad en la que se cada uno de nosotros demos primacía a la responsabilidad individual, a los principios morales, a la integridad, a la honradez y al esfuerzo frente a la holgazanería, al relativismo moral, y al pedir derechos sin deberes.

Pero aún así, en una sociedad libre, habrá individuos que elijan no comportarse como deben. Y para eso no hay más opciones que un sistema de leyes justas y claras, que sancionen al culpable y protejan al resto, y que se apliquen, por parte de los jueces, de manera rápida y sin privilegios.

O sea personas, siempre. El resto, incluyendo las recetas de tanto telepolítico, conduce inexorablemente a los totalitarismos, que para lograr "hombres nuevos" se dedicaron a matar a millones que no lo eran a lo largo de todo el s. XX.

Exactamente lo mismo que pretenden hacer los apóstoles de la "sharia": conseguir un mundo de creyentes en su locura matando a todos los que no quieren compartirla. ¿Hay que ser tolerantes con eso?

Y hoy, con el nuevo curso a la puerta, un poco de guitarra española con música renacentista y barroca.






viernes, 4 de julio de 2014

Lo caro no son las TIC

4/7/2014

Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia.


Desde hace cierto tiempo, y en el contexto de la ejecución de las medidas con contenido TIC de CORA, la Comisión para la Reforma de las Administraciones Públicas, se viene escuchando de modo repetido el mensaje de que "las TIC de la administración son caras". Y, en ocasiones, incluso, se oye que la Administración General del Estado gasta más que alguno de los grandes bancos españoles en TIC, como si esto fuera un argumento definitivo.

Pues bien, parafraseando a Derek Bok, si piensa usted que las TIC son caras, ¡pruebe sin ellas!

Las TIC de la Administración General del Estado NO son caras.

Según el Informe REINA 2013, publicado por el Ministerio de Hacienda y Administración Pública, en el año 2012 el total de costes asociados a las TIC en la Administración General del Estado (Ministerios, Organismos Autónomos, Entidades Gestoras de la Seguridad Social, Agencias Estatales y Entidades Públicas empresariales) es decir, la suma de los costes de personal -capítulo I-, inversiones -capítulo VI-, y gasto corriente -capítulo II- dedicados a las TIC fue de 1.453 millones de €, un 3,87% del total presupuestado en esos tres capítulos para la totalidad de la AGE. 

Pues bien, según estudios de diversas consultoras (entre ellas Gartner, Boston Consulting Group y Forrester Research, el sector bancario a nivel munidal, dedica, en media un 7,3% de sus ingresos a las TIC. Y en Europa ese valor se sitúa alrededor del 10,5%. 

Por otra parte, el informe de la OCDE "Government at a glance 2013" permite ver una comparación entre los porcentajes dedicados a las TIC por los gobiernos centrales, sobre datos de 2011. España, con el 0,8% aproximadamente, aparece inmediatamente delante de Francia y detrás de Islandia; cerca del Reino Unido (algo más del 0,9%) y bien lejos de los Estados Unidos (aproximadamente 1,9%) y Nueva Zelanda (2,1%).

Así que ya se ve que, ni en comparación con los sectores públicos de los países de nuestro entorno, ni mucho menos en comparación con el sector bancario es ni medianamente cierto que las TIC de la AGE sean caras.

Otra cosa es que sean poco eficientes, es decir, que para esos costes el nivel de servicios conseguidos sea inferior a los logrados en algunos de esos países o en otros sectores o poco eficaces, es decir que la percepción interna y externa de los usuarios acerca del funcionamiento sea pobre.

Y ahí está la madre del cordero: si el gasto TIC de la AGE ha sido durante todos estos años poco eficiente (y yo creo que sí) y poco eficaz (y también creo que sí) el problema no es de las TIC y tampoco es de los gestores TIC.

El problema es de los directivos que han decidido y utilizado las TIC sin aplicar criterios de racionalización organizativa y procedimental. Que han generado y financiado proyectos replicados en los ministerios y organismos autónomos porque los ministerios y organismos autónomos se gestionan de manera aislada e inconexa. Y nadie ha querido revisar esa gestión ANTES de aplicar las TIC.

¿De verdad alguien de quienes suscriben esa idea de que las TIC de la AGE son más caras que las de la banca cree que cualquier banco permitiría que cada una de sus sucursales gestionase por su cuenta su propio personal? ¿o sus instalaciones inmuebles? ¿o llevara su propia gestión económica? Pues como no permiten eso tampoco permiten (ni necesitan) que sus sistemas de información sean diferentes.

Pues entonces no seamos hipócritas ni inconsecuentes: si cada ministerio y organismo tiene capacidad para gestionar por su cuenta los recursos comunes ¿a qué sorprendernos que haya decidido hacerlo con criterios y herramientas (entre ellas las informáticas) diferentes? ¿a quién se le ha dado la capacidad de uniformizar criterios y procedimientos y los medios para hacerlo? A NADIE.

Por otra parte, y esto es muy importante al hablar de la eficacia, la AGE no tiene un solo negocio. En la banca, la actividad de la oficina A es idéntica a la de la oficina B: sus misiones, funciones y operaciones son iguales, luego todo puede uniformizarse. 

En la AGE NO. Como decía en el párrafo anterior, las unidades y funciones susceptibles de agregarse y uniformizarse no se han agregado ni uniformizado nunca (CORA incluida).

Y existen además toda una serie de misiones (las de las Secretarías de Estado) que son no sólo exclusivas de ese órgano sino, además, en no pocos casos exclusivas del sector público (Defensa, Justicia, Exteriores...). Así que ¿qué clase de concentración o estandarización se va a aplicar ahí? Únicamente la relativa a la infraestructura tecnológica. Y volvemos al punto anterior ¿qué directivo de alto nivel ha querido, hasta ahora, prescindir de tener SU CPD?

Así que, por favor, que cada palo aguante su vela: las TIC NO son caras. Son caros los directivos que deciden sobre ellas y NO saben planificarlas. Y eso NO es una cuestión de tecnología.

Por eso para muchos miembros del colectivo TIC las iniciativas CORA relacionadas con la dirección TIC de la AGE son tan importantes. Tan urgentes. Y por eso deberían, tan forzosamente, ir seguidas de iniciativas del mismo alcance en todos los servicios comunes.


Y como empiezan las vacaciones, el descanso... Eric Clapton... in heaven






jueves, 5 de junio de 2014

Lo que vale tu palabra (II)

4 de junio de 2014
¿Por qué tengo que cumplir el código civil si no lo he votado?

Siguiendo con los temas estrella de la temporada: elecciones europeas y abdicación, hoy me hago, y os hago, esta pregunta. Y planteo algunas más, por si queréis seguiros interrogando.

Si el hecho de no haber votado la Constitución te exime de cumplirla o se considera argumento válido para cuestionar su vigencia: ¿qué deberían hacer los Estados Unidos de Norteamérica, que tienen la misma desde 1787? ¿o Francia, que promulgó la última en 1958? ¿o el Reino Unido, que no tiene constitución escrita? 

¿Por qué no se echan a la calle periódicamente "los pueblos" de esos países para reclamar un cambio constitucional que puedan votar para "dar legitimidad" a su sistema de convivencia? ¿por qué sus políticos no plantean cada treinta años o así que hay que "acomodar la Constitución a los tiempos actuales"?

¿Por qué es posible que representantes de los ciudadanos, que ocupan cargos públicos gracias a nuestros votos y que cobran de nuestros impuestos y han jurado "cumplir y hacer cumplir la Constitución y las leyes" se dediquen a conculcarlas de manera pública y notoria y sin consecuencias para ellos? 

¿De dónde ha salido esa falacia de la "legitimidad de la calle" como opuesta a la legitimidad de las urnas y las leyes, y que, en realidad, está pensada para legitimar la violencia de unos pocos?

¿Qué crédito moral y político puede tener quien jura algo y después lo incumple? ¿O quien lo jura declarando que no lo cumplirá? ¿Por qué "su conciencia" -que es lo que suelen invocar semejantes tipos para justificar su traición a la palabra dada- ha de ser más merecedora de respeto que la mía o que la del resto de ciudadanos, que esperamos de nuestros dirigentes el cumplimiento diligente de la ley como primera obligación de sus cargos?

En un estado democrático de derecho el escenario es muy sencillo de entender:
  • La leyes obligan a todos los ciudadanos, si las has votado como si no.
  • Si hay leyes que no te gustan, actúa para cambiarlas democráticamente.
  • Mientras tanto, hasta que no lo consigas, cúmplelas
  • Si ocupas un cargo público y tu conciencia no te permite cumplir con las obligaciones del mismo, dimite.
Ninguna de estas circunstancias incluye incumplir la ley, ni convocar manifestaciones y luego pretender que eso es "la voz del pueblo". Ni, mucho menos, recurrir a la violencia o justificarla.

(Incluyendo el último hallazgo dialéctico, "lo preocupante no es que ardan contenedores sino que haya gente que busca comida en ellos", que busca desactivar cualquier tipo de argumento en contra recurriendo a igualar, de modo implícito y torticero, oponerse a la quema de contenedores con defender que haya gente que busque comida en ellos.)

Por cada persona que sale a la calle a manifestarse puede haber entre 50 y 1000 personas, en la misma población, que NO se manifiestan, sea cual sea la convocatoria. 

¿Es democracia suponer que esas otras personas piensan lo mismo aunque no hayan ido a la mani? ¿Mas aún, es democracia imponer a esas otras personas, que cualquiera que haya aprobado las matemáticas de primaria ve que suponen más del 90% del total, los deseos de los manifestantes? Y para acabar ¿es democracia argumentar que la hipotética voluntad de esa "mayoría" -que desmiente la aritmética- es suficiente para suspender las leyes?

Pues tengo una mala noticia, lectores: cada vez hay más gente en España que cree que sí.

PD. Y todo lo anterior no tiene nada que ver con el legítimo deseo de muchos ciudadanos de que España sea una república o de que se plantee ese debate. A ver si nos aclaramos.

Y hoy Yo Yo Ma interpreta parte de la banda sonora de "La Misión" (Ennio Morricone). La aventura de un hombre que empeña su vida (y su palabra) en redimirse.




miércoles, 4 de junio de 2014

Lo que vale tu palabra (I)

3 de junio de 2014

Promesas del Este

Parece difícil estos días escribir, en España, de algo que no sean los resultados electorales de las pasadas elecciones europeas o la abdicación del Rey y el debate sobre el régimen político y el cambio constitucional.

Así que, aunque me da un poco de pereza, me pongo con lo primero: merece la pena analizar tanta chorrada acumulada. 

Respecto de las elecciones generales, la caída del PP y del PSOE no me sorprende (creo que a nadie), pero el ascenso del "fenómeno" Podemos me parece un indicador tristísimo de miseria intelectual.

Que haya tantos compatriotas que creen que la crisis ha sido culpa enteramente "de otros" (banqueros, ricos, políticos, empresarios...) y que su solución es un Estado intervencionista al estilo Venezuela, sin responsabilidad individual, sin iniciativa privada, sin seguridad jurídica, sin separación de poderes, que proporcionará una paga a todo ciudadano, que garantizará la "dignidad existencial", después de proceder a una "auditoría pública de la deuda" y a la nacionalización de empresas o bienes de producción, me espanta.

No se trata de que desde el punto de vista económico esto resulte ser un disparate, aunque lo diga un profesor de Universidad, ("humilde portavoz" del colectivo) y ahí están los países comunistas. Se trata de algo infinitamente más grave: se trata de que un número importante de ciudadanos no quieren ser ciudadanos. Es decir: no quieren ser adultos y responsables de sí mismos. No quieren ejercer su libertad día a día y asumir las consecuencias de la misma sin más limitaciones que la libertad de los demás. 

Quieren que su libertad se reduzca a votar para que el Estado, con su voto, se ocupe de toda su vida: decida por él, le subvencione la supervivencia, le proporcione consignas ideológicas para tranquilizar su conciencia y le libre así del insoportable peso de ser un individuo, para acogerse al cómodo abrigo del "pueblo", al tranquilizador envoltorio de "la gente".

Si de verdad alguien piensa que la vía de regeneración democrática, cada día más necesaria en España, pasa por las propuestas de este partido, sólo me queda recordar los versos de Quevedo "Miré los muros de la patria mía.." por más que la patria de cada uno no deje de ser el fruto de una casualidad y no la unidad de destino en lo universal que predican los nacionalistas.

Esas promesas engañosas, que conducen a la frustración cuando no se cumplen y a la miseria cuando lo hacen, me han traído a la memoria la película de la que he tomado prestado el título: una obra que merece la pena ver.

Y por cierto: ¿cómo se llama que cobrar 8.000 € al mes por trabajar como europarlamentario deba ser ilegal y cobrar 800 € al mes por no hacer nada sea un logro social?

martes, 4 de marzo de 2014

¿Despedimos enfermeras?

4 de marzo de 2014

Esta es la primera idea que se me ha venido a la cabeza después de leer hoy en twitter un comentario acerca de la necesidad de contar con ponentes especialistas en materia de tecnologías de la información y las comunicaciones "que fueran mujeres". Y además calificando esta petición como una demanda de "igualdad".

Yo, la verdad, hay días que dudo muy seriamente de que sea verdad eso de que el ser humano es racional. No es posible.

Vamos a ver ¿qué diría esa misma persona (o cualquiera de las que comparten ese punto de vista) si semejante reflexión fuera hecha para pedir que esos ponentes "fueran hombres"? incendiarían la red, pondrían el grito en el cielo, llamarían machista al autor del comentario, lo denunciarían ante los Tribunales y, si pudieran, lo emplumarían con brea.

Pues señores, si está mal pedir que para desempeñar cualquier actividad profesional se pidan hombres por el mero hecho de serlo ¿podría alguien explicarme por qué eso está bien cuando se trata de mujeres?

¿Por qué afirmar que la mayoría de los hombres son más hábiles que la mayoría de las mujeres orientándose es machista y afirmar que la mayoría de las mujeres son mejores comunicadoras que la mayoría de los hombres es guay, avanzado, igualitario y no sé cuántas cosas maravillosas más?

¿Me podría explicar algún listo de la discriminación positiva (que por cierto es como la energía negativa, algo que no existe) por qué si es bueno obligar a las empresas a que escojan mujeres para los puestos de administración sólo para tener el mismo % de ambos sexos no deberíamos, por las mismas, obligar a los hospitales a que escojan hombres para los puestos de enfermera, sólo para tener el mismo % de ambos sexos? 

¿Qué, señores míos, mientras esperamos a que el % de titulados varones en enfermería (16% en 2011 según el INE) se acerque al de mujeres, qué hacemos? ¿despedimos enfermeras?

Se están destruyendo los principios de mérito y capacidad en los que debe basarse el desempeño profesional. Y se está haciendo, alegremente, en nombre de una mal entendida "igualdad" que a las primeras que perjudica (entre muchas otras maneras con un paternalismo repugnante, que supone que somos incapaces de conseguir esos puestos por nosotras mismas) es a quienes pretende beneficiar, a las mujeres. Y cuanto más competentes mayor es el perjuicio causado. 

Los siguientes perjudicados son los hombres; y si los actuales adultos no nos preocupan "porque son machistas", a lo mejor debería preocuparnos qué mensaje estamos dando a nuestros hijos varones... ¿que ahora toca "la revancha"?

Yo paso. La única igualdad que quiero es la de que las leyes me reconozcan y la Justicia me garantice exactamente los mismos derechos que a cualquier otro ciudadano. Sea mujer u hombre.


"Che si puó fare" de Bárbara Strozzi  ...siempre se puede hacer algo!








miércoles, 22 de enero de 2014

Procusto, el igualador supremo

22 de enero de 2014

A finales del año pasado decidí cambiar un seguro de vida que tenía desde hace varios años y suscribir uno nuevo, con características diferentes.

Cuando contacté con la entidad aseguradora (por teléfono) para informarme, mi sorpresa fue mayúscula al descubrir que, si bien la cobertura económica del seguro suponía un importe del doble del anterior, la nueva anualidad era ...¡cinco veces mayor! 

Como el tiempo transcurrido no era tanto y mi deterioro físico era desconocido para mi interlocutor no pude por menos de preguntarle el motivo de semejante incremento en la póliza y, sobre todo, de semejante desproporción respecto al anterior.

La respuesta me dejó tan alucinada que aún no me he repuesto y cuando me ha llegado el cargo bancario correspondiente, al recordarlo, he querido compartirla con vosotros, lectores. Juzgad vosotros mismos.

Tradicionalmente las pólizas de seguros de vida de las mujeres eran, para la misma edad y la misma cobertura económica, más baratas que las de los hombre, puesto que, estadísticamente hablando (y recordad, lectores, por favor, que el negocio de los seguros es estadística pura y dura) las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres.

Hasta aquí todo claro, ¿verdad? No he insultado a los hombres ni he ofendido a las mujeres. He señalado algo de dominio público y que viene siendo así prácticamente desde que los avances de la obstetricia y los antibióticos han reducido de manera drástica, al menos en los países desarrollados, una de las principales causas históricas de mortalidad femenina: el parto. (Incluso desde antes, dado el impacto de las guerras sobre el género masculino a lo largo de los siglos).

Bueno, pues en cierto momento de estos años transcurridos desde que contraté mi antiguo seguro, la Unión Europea, sin duda en algún día tedioso y aburrido del largo invierno bruselense cayó en la cuenta de semejante discriminación por razón de género y decidió ponerle remedio sin tardanza.

Yo creo que empezaron queriendo evitar que, a una misma edad la mortalidad masculina fuese mayor que la femenina... pero como eso no pudieron prohibirlo decidieron prohibir que para la misma edad e igual cobertura las pólizas fueran diferentes en función del sexo. Y claro, las aseguradoras, que son negocios y no ONGs, igualaron las pólizas... por arriba. Y ahora las mujeres pagamos igual que los hombres.

Me siento fenomenal y estoy segura de que los hombres también. De hecho me siento tan igual gracias a la Unión Europea, que he decidido pedir que, por coherencia, eliminen esas estadísticas discriminatorias en las que aparecen más hombres fallecidos que mujeres, puesto que son el origen de semejante práctica aseguradora. 

Y he decidido pedir también que eliminen las intolerables desigualdades derivadas de que sólo las mujeres podamos gestar y que legislen para que los hombres también puedan asegurar sus propios embarazos y los riesgos asociados... así estarán listos para cuando la Naturaleza remedie su (discriminatorio) despiste. 

Y siquiendo por esa senda de lucha contra la discriminación espero que las aseguradoras dejen de cobrar distinto a los abuelos paracaidistas, a los jóvenes practicantes de la inmersión a pulmón libre y a las mamás motoristas. ¡Un mismo importe para todos los asegurados, para todas las coberturas y para todos los riesgos! (Y, por  supuesto, si yo no puedo pagar el importe derivado de esta política...¡que lo pague el Estado, que es mi derecho!)

Ahora sabéis por qué he titulado esta entrada "Procusto, el igualador supremo", ¿verdad?  Un ejemplo de adónde conduce la obsesión por lo políticamente correcto y por una igualdad mal entendida. 

Aquí tenéis otro, lectores (y lectoras), sacado de "La vida de Brian", de los geniales Monty Phyton. La escena en la que los activistas del "Frente Popular de Judea" acuerdan reconocer el derecho de Stan a parir... aunque sea un hombre y no tenga útero.